Ser mujer católica

By James Milton Tillman

Las relaciones humanas son complicadas, máxime cuando existe un poder que ejerce como tal y de una manera velada o no, presiona para que las actitudes de los ciudadanos se orienten en la dirección que dicho poder estime oportuno. Parece ser que la elección del nuevo Papa ha sido sorprendente para todos los observadores  y estudiosos del  cónclave cardenalicio. En esta era de la tecnología que nos ha tocado vivir, las reacciones se suceden inmediatas, y apenas asomaba el rostro por el balcón el nuevo pontífice, ya se podía leer en internet su biografía, sus polémicas relaciones con la dictadura, más concretamente con la junta militar argentina del infame Videla y en especial con el caso de los dos jesuitas de “villa miseria”. Sin embargo, los jesuitas involucrados en tan feo asunto declararon en su momento a favor de Jorge María Bergoglio, dando la cuestión por zanjada. ¿Quiénes somos nosotros para juzgar unos acontecimientos que los propios implicados han cerrado amistosamente? Parece más una manera de emponzoñar la imagen del nuevo Papa, utilizando unas tácticas de desinformación aliñadas con un poco de mala uva. Nadie sabe cómo eran las aguas por las que el entonces obispo Bergoglio tuvo que navegar en la exterminadora dictadura argentina, sin duda las decisiones que tomó fueron las menos dolorosas para el conjunto de la población, aunque algunas de ellas causaran algún mal directo, por otra parte inevitable por la propia dinámica de los  sucesos.

Con este argumento, desde mi punto de vista, queda liberado el actual Papa de cualquier culpa o responsabilidad en los actos del pasado, puesto que la omnipresencia de los dictadores asesinos, condicionaba toda la realidad social de la época, dirigiéndola hacia unos derroteros, que en un entorno de libertad seguramente no se habrían tomado. El ahora Papa, por mucho que no les guste a algunos, es un hombre, y como tal, está condicionado a sus propios miedos, incluso acompañado del Espíritu Santo.

Ahora bien, cuando se descubre la verdadera naturaleza de este pontífice, es cuando libremente y sin ninguna pistola que apunte a su santa cabeza o a la de algunos de sus seres queridos nos suelta lo siguiente Las mujeres son naturalmente ineptas para ejercer cargos políticos. El orden natural y los hechos nos enseñan que el hombre es el ser político por excelencia; las Escrituras nos demuestran que la mujer siempre es el apoyo del hombre pensador y hacedor, pero nada más que eso aquí nos descubre su pensamiento, todos sus años de teología , estudios en seminarios jesuitas, ciencias clásicas, historia, literatura, latín, griego y lo más sorprendente de todo, sus estudios en química, le han servido para llegar a lo más alto en la curia romana y además manifestarse como el mayor de los radicales, relegando a la mujer a un mero papel reproductor y de asistencia al hombre. El caso es que millones de mujeres católicas están de acuerdo con esta afirmación, que no hace otra cosa que corroborar lo que el papa emérito ya dijo, haciéndose eco a su vez de Juan Pablo II.

Así que la saga continúa. Estas mujeres que asisten complacidas a tales manifestaciones del pensamiento misógino, me recuerdan mucho a esas otras que salen en la televisión embutidas en un burka manifestando su libertad a la hora de elegir llevar puesta tan especial prenda. Alardeando de que es un acto de libertad, que nadie las obliga y que en una democracia debería estar permitido su uso. Ya no voy a entrar en el tema de la homosexualidad y el punto de vista del actual Papa, lo considero innecesario. Sin embargo, hay otra cuestión a destacar en las inmediatas manifestaciones de las primeras veinticuatro horas del nuevo papado. La sociedad actual se ha dado cuenta de que valores como solidaridad, generosidad, caridad y otros, no son patrimonio exclusivo de la iglesia, ya sea la católica o cualquier otra, sino que esos valores que enaltecen la parte buena del ser humano son patrimonio de la humanidad, y en vista  de que la sociedad es capaz de organizarse para ejercer tales valores, que hasta hace bien poco parecían propiedad del Espíritu Santo, la iglesia católica quiere marcar un diferenciador para no convertirse en una ONG más, y este  es  el propio Jesucristo y su mensaje. De este modo la Iglesia es una ONG de carácter divino, cuyo fundador no es otro que el mismísimo Dios, lo cual marca la diferencia. Amén.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s