La muerte

By James Milton Tillman

Imperturbable es el ser que camina con nosotros. Abriéndose paso entre las sombras del ayer. Recoge los suspiros del llanto que provoca su sola presencia y el racimo de lágrimas que lava los rostros con sal, donde las grietas del tiempo hunden sus huellas alejando toda esperanza y promesas del mañana.  Deambula insomne en las tinieblas y ante la luz clara de tu rostro. Derriba sonrisas levantadas en defensa de nuestra vida, y las convierte en hojas secas y dormidas, esperando en vano la resurrección de la savia. Transforma lo que parece en lo que tiene que ser y devuelve, arrogante, a los hijos del lodo a la tierra yerma. Masculla palabras que retumban en una pared hueca que cimbrea en los tímpanos de un reloj ya sin agujas. Terrible existencia sin tiempo. Y tú con ese equipaje pesado tan inútil e inevitable, a su lado, viéndola actuar, conquistar y desarmar cada una de las piezas ensambladas con el poder frágil de una primavera sin verano, donde los proyectos yacen muertos como los hijos abandonados bajo la helada blanca de una indolencia vital. Se pasea sin vergüenza delante de sabios y necios, y arrebata los tesoros más ocultos ante el examen incrédulo de quien en su presencia mira hacia otro lado, llorando la imposibilidad de una cura, ni siquiera pasajera. Sonríe cínicamente y celebra los lamentos y sollozos de gargantas mudas de dolor, que pretenden prorrogar la inevitable llegada de la inexistencia, con sobornos y pactos ineficaces que terminan en fraude. ¡Maldita razón que provoca el intento ridículo de un acuerdo con quien no se puede tratar!

Sólo hay un bálsamo para la muerte, el recuerdo. Sin embargo, el recuerdo es un enviado, un corredor a quien el tiempo termina atrapando como lo hace el cazador con su presa sin esperanza, a quien se le sale el corazón por la boca, sin comprender nada de lo que sucede, de esta manera le anula y le vence, diluyéndolo poco a poco como una ponzoña ácida que corroe la materia y la reduce a olvido.

Por eso la muerte es renovación, termina ciclos, rompe lazos, abandona viejas maletas cargadas de ropa sucia y raída que no sirve más que para remiendos.  Aceptarla como natural es vivir mejor. El recuerdo es adictivo, peligroso si se torna obsesivo, esclaviza, ata y lastra tu vida como una condena. El recuerdo puede ser un remedio pasajero o un veneno permanente, te puede aliviar el dolor o matar. Es un salitre a quien no se puede vencer. Sólo la intuición de quien no ve con los ojos pero sí con el corazón se da cuenta de la tragedia de la muerte.

¿Cómo ocultarte en la oscuridad, si es la oscuridad quien te busca?

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