Los pobres del mundo (I). Teresa de Calcuta.

 By James Milton Tillman

Cuando tienes una serie de dogmas grabados a fuego en tu cerebro, estos condicionan los principios que rigen tu vida. Si eres una persona sin relevancia política, religiosa o social, apenas repercutirá en ese pequeño entorno en el que actúas, pero si, por el contrario, tienes la oportunidad de influir en numerosas vidas, en el breve tiempo que poseemos los humanos en este mundo, el mal que puedes ocasionar es incuantificable. Ahora bien, si abandonas los dogmas y te adaptas comprendiendo cada una de las situaciones novedosas a las que te enfrentas, el bien que puedes hacer es inmenso. Se presentan ante el juicio de la historia, dos personajes que aplicaron cada uno sus convicciones en una lucha  sin tregua, contra la pobreza.

Comparada con la virgen de Fátima, Agnes Gonxha Bojaxhiu, más conocida por la madre Teresa de Calcuta, se revela en estos tiempos de la información como un producto más mediático que real, enaltecido hasta el paroxismo por gente que ni siquiera la conoció. Los premios Templeton, Pacem in Terris, Ramón Massaysay y el Nobel de la paz, son algunos de una lista interminable que recibió a lo largo de su vida.

Para otros fue el ángel del infierno.

“Desde el comienzo quise servir a los moribundos simplemente por el amor a Dios y darles lo que la gente rica consigue con dinero, se lo quería dar a los pobres por el amor de Dios” 

Sorprende mucho que tras escuchar estas palabras de la madre Teresa, en su “casa de los moribundos”, una especie de moridero donde la gente acudía en busca de curación  o unos últimos cuidados paliativos antes de palmarla, no hubiera ni una silla donde sentarse, ni un gotero y solo se suministraran algunas aspirinas a quienes más lo necesitaban (a veces).

Toda su vida la dedicó a luchar contra el aborto, los métodos anticonceptivos y el divorcio.

En cierta medida la figura de la madre Teresa de Calcuta fue enaltecida por que nosotros, los del primer mundo, necesitábamos a alguien que se ocupara de los pobres del tercer mundo, ayudándonos a sobrellevar, de alguna forma, nuestra conciencia. Una especie de superheroína que representara ella sola todos nuestros valores más preciados.

Su concepción del sufrimiento en esta vida para alcanzar el reino de los cielos en la otra, puede que tenga una base en las bienaventuranzas de San Mateo, palabras que Jesús pronunció en su famoso Sermón de la Montaña. Pero ese análisis sería más propio del señor Freud, si quisiéramos llegar a alguna comprensión psicológica del asunto. Es este pensamiento dogmático, el que determinó el final de miles de enfermos que pasaron por sus manos, a los que negó sistemáticamente unos medicamentos que ayudaran a calmar sus dolencias, basándose en su peculiar idea del sufrimiento. Idea que cuando le tocó a ella, abandonó, ya que recibió tratamientos exclusivos en los mejores hospitales del mundo, lejos de la casa de los moribundos. Cuando en una de sus visitas se encontró con un enfermo terminal de cáncer le dedicó, delante de las cámaras, estas tiernas palabras: «Estás sufriendo como Cristo en la cruz, así que Jesús te debe estar besando» El hombre desesperado le replicó: «Por favor, dígale que pare de besarme»

Sin embargo, para no ser su reino de esta vida, no le dijo que no a ninguno de los poderosos de la tierra que la elogiaron y la cubrieron de oro. Oro que jamás hizo llegar a ninguno de sus desheredados. Nunca quiso arreglar la pobreza allá donde actuó, sino simplemente facilitar el tránsito a todos esos miserables a través del sufrimiento como vehículo perfecto para alcanzar el reino de los cielos, y vivir eternamente en el paraíso.

Cuando sucedió la tragedia de Bhopal, donde por negligencia de una gran corporación (Union Carbide), miles de personas murieron y otras miles padecieron secuelas irreparables, las únicas palabras que dirigió a las víctimas fueron: “Perdonad, perdonad, perdonad”. Todavía nos estamos preguntando a cerca de la extraña relación entre la madre Teresa y los Duvalier en Haití, en los años 80. Recordemos que Jean Claude Duvalier fue un terrible dictador que durante años masacró a su pueblo sin ningún reparo. O su visita a la tumba del tirano Enver Hoxha (otro elemento de cuidado) en Albania. Toda la obra de la madre Teresa se ha convertido en una multinacional que recibe millones de euros sin control, de los cuales la mayor parte los gestiona el IOR (Banco Vaticano). En vez de dedicar los inmensos recursos a los pobres, toda su obsesión fue abrir cientos de conventos en casi todos los países e implantar la catequesis y la evangelización del catolicismo. Como vemos a los pobres los utiliza todo el mundo. En su nombre ha recaudado una incontable cantidad de dinero que solo ha servido en una mínima parte para paliar a los más necesitados y en su mayor parte para extender la iglesia católica y su mensaje. El papa Juan Pablo II la adoraba, hay que tener en cuenta que los ingresos que supuso para las arcas Vaticanas, están todavía por cuantificar, cosa que no se hará nunca, dado lo proclives que son los cardenales al oscurantismo y al secretismo. Juan Pablo II también adoraba a Marcial Maciel y a Marcinkus.

Fundó más de 500 conventos, pero ni una sola clínica en Calcuta.( Madre Teresa de Calcuta).

Hay algo muy bello en ver a los pobres aceptar su suerte, sufrirla como la pasión de Jesucristo . El mundo gana con su sufrimiento”.

Charles Keating uno de los mayores estafadores de la historia financiera norteamericana, apoyó económicamente a la madre Teresa, y cuando le metieron en la trena, la madre Teresa intercedió por él, pero las había hecho tan gordas que sus ruegos no tuvieron ningún efecto. Todos los esfuerzos que se hicieron para que la madre devolviera el dinero robado que le habían entregado y del que ella tenía conocimiento, fueron infructuosos. Miró hacia otro lado y se puso a silbar.

Las premisas de las hermanas de la caridad, impuestas por su fundadora, ahogan cualquier intento de aliviar el dolor de los más necesitados. Es un error de base, un concepto que aboca al sufrimiento hasta la muerte de cualquier enfermo que se deje caer por sus instalaciones. Tiene más posibilidades de vivir un indio con una herida abierta bañándose en el Ganges, rodeado de cadáveres, que un recogido asmático en manos de las hermanas de la caridad.

Utilizaba a los pobres de dos maneras, la primera como herramienta ante Dios para elevar hacia él su santidad y la segunda para recaudar dinero y diseminar por todo el planeta el catolicismo más dogmático que uno pueda pensar.

Pocos meses antes de morir, la madre Teresa fue sometida a exorcismo, no presencial, por el sacerdote Rosario Stroscio mientras estaba hospitalizada. Según el arzobispo de Calcuta, Henry D’Souza, las dificultades de la madre para conciliar el sueño, fueron consideradas una señal de estar “bajo el asedio de Satanás”.

Los problemas de fe reflejados en unas cartas manuscritas no han impedido la beatificación más rápida de la historia católica.

Buscar apoyos y obtener dinero, en un mundo tan politizado, con el loable fin de ayudar a los desafortunados es una buena idea, mientras ese dinero no se lo hayan robado directamente a alguien. Lo que sucede es que, en el caso de la madre Teresa, recibió, a sabiendas, dinero robado y encima no lo empleó para ayudar a los más necesitados, sino para evangelizar al mundo, propagando la doctrina católica, utilizando a los pobres y a la pobreza como herramientas para recaudar fondos.

IOR –  Para los profanos, aunque no os lo creáis, estas siglas significan, Instituto para las Obras Religiosas.

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