El interés general y el bien común. No vale todo.

By James Milton Tillman

Los Reyes Católicos instauraron en España, lo que se conoce en la actualidad como un Estado moderno, y con la expulsión de los judíos se pusieron en evidencia algunas de las características propias del sistema, como es el desprecio a cuanto se oponga al desarrollo y crecimiento del propio Estado. En aras del interés general, se produjo la expulsión y con ella un drama humano sin precedentes en España, sólo superado por el holocausto nazi. Desde entonces se confunde siempre el interés general con el bien común. Así que voy a intentar aclarar estos dos conceptos enredados  pero tan diferentes.

 En base al interés general se han hecho barbaridades a lo largo de la historia. Seguramente era de interés general (de los españoles) que se descubriese América, pero créanme si les digo que para los nativos americanos fue de muy poco bien común. Se me puede acusar de demagogia así que voy a poner ejemplos más cercanos y más concretos. En Brasil el gobierno de Dilma Roussef ha otorgado la licencia para la construcción de la tercera central hidroeléctrica más grande del mundo en cuanto a producción de energía, para lo cual destrozará numerosas poblaciones indígenas (40.000 trasladados) acabará con incontables especies y destruirá parte de la cultura amazónica, todo por el interés general y poco por el bien común.

Pero sucede que lo que es de interés general proporciona el bien común: Mentira. Eso es como decir que un chino es lo mismo que un japonés.

 El bien común es el fino arte de hacer las cosas y desarrollar políticas que no perjudiquen a nadie de tal manera que no nos impida desarrollar nuestra actividad, nuestra cultura y nuestras costumbres en un entorno sostenible proyectado hacia una convivencia pacífica y agradable, destinada al  bienestar del ser humano y los seres con los que convivimos en este planeta.

 Por el contrario el interés general es una forma de autoritarismo que se impone en la mayoría de las sociedades, en aras de un desarrollo que afectará positivamente a los ciudadanos y que siempre está subyugado a intereses económicos y particulares de una oligarquía que dispone de los recursos, bienes y vidas de los demás.

La destreza de algunos gobernantes actuales, consiste en camuflar el interés general en bien común. Basta con mirar ciertas políticas europeas. Cuando su oficio debería de ser el de aunar voluntades, implantar estrategias y velar por la comunidad, además de establecer unos parámetros de lo que se puede considerar interés general y lo que no.

Está claro que no se puede obtener la unanimidad en algunas decisiones, si se pretendiera eso el mundo avanzaría muy poco, hay que ser realistas. Existen muchos casos particulares en los que hay que obligar a la voluntad de unos pocos a someterse a la de muchos. Pero nunca utilizar esta situación para favorecer intereses individuales ocultos. Maquiavelo decía “se puede estar por encima de la ética y la moral para obtener los objetivos marcados”. Seguro que esto lo escribió antes de que los Medici le intentaran sacar una confesión mediante la introducción de un palo en el orto. Francamente, con todos mis respetos, no puedo estar más en desacuerdo con Nicolás. Lo de que “el fin justifica los medios”, que dicho sea de paso, jamás lo dijo Maquiavelo literalmente, ha sido un salvoconducto, utilizado por las grandes corporaciones o poderes económicos, por medio de esa parte oscura del ser humano que quiere alcanzar sus propósitos a cualquier precio.

Hay una cosa que tengo bastante clara No vale todo. Si todo valiese, volveríamos a las cavernas.

http://www.greenpeace.org/espana/es/Trabajamos-en/Bosques/Amazonia/

​El arte de defender lo indefendible (II) Los Toros

​El arte de defender lo indefendible (II) Los Toros

By James Milton Tillman

Al igual que con el foie, me sucede con la fiesta nacional. Sentimientos encontrados sacuden mi pobre cerebro, pero una vez que eres perceptivamente crítico, te das cuenta de que hay algo en la fiesta de los toros que es malvado. Vaya por delante que  he asistido a unas cuantas corridas de toros, y que mi posición en la actualidad choca con  mi pasado como  espectador taurino. Qué duda cabe que los defensores de las corridas de toros tienen razones para escudar su postura, pero estas se pueden desmontar una a una con la facilidad de un niño desarmando un juguete. Habitualmente se argumenta que el toro de lidia es una especie que no existiría si no hubiera corridas de toros, esta es una conclusión tan pobre, como decir que no existirían los osos o los elefantes si no hubiera circos. Otro razonamiento es el atribuir la condición de arte a todo el procedimiento hasta dar muerte al toro. Aquí me tengo que rendir ante la evidencia, todos los elementos que conforman la liturgia del toreo son de una belleza y plasticidad artística inigualables, en el que la estética adquiere dimensiones difícilmente alcanzables en otras artes. No cabe duda que la emoción está en el ambiente de cualquier corrida de toros, que la técnica y la disciplina desarrollada durante siglos es de una complejidad tal que han sabido imprimir un carácter de escuela y que el apoyo general por parte de diferentes agentes sociales le ha dado un atributo de solemnidad al asunto, pero que pueda morir probablemente un ser humano haciendo arte, o que mueran varios animales de orden superior tras ser torturados en los sucesivos lances orquestados por la tradición, animados por la música y ovacionados por los instintos de otros humanos, es para mirárselo. Lo malvado de todo este asunto es la participación del  sistema límbico, no ya del torero, sino del toro “El toro, es un animal mamífero con un sistema muy próximo al de la especie humana, lo que significa que compartimos muchos aspectos de nuestro sistema neurológico y emotivo”. (AVAT)

​El ser humano tiene un conjunto de estructuras que se denominan sistema límbico y que son fundamentales en la formación y control de emociones. El tálamo, hipotálamo, hipocampo y amígdala son sus principales componentes. Pues bien, el toro también las posee, y si las posee porque la evolución se las ha otorgado, es porque las utiliza de una manera similar a la que lo hacemos nosotros. De lo que es fácilmente deducible que el toro sufre enormemente, con un dolor muy intenso y agota sus respuestas orgánicas ante el castigo que es sometido. Por otra lado nuestra sociedad cae en el ridículo cuando exige a un albañil, so pena de multa, colocarse un casco para trabajar, al igual que a un motorista o ciclista,  y a un torero con todo su equipo le permite enfrentarse a un toro de 550 Kg de peso con dos cuernos ambos del tamaño de la Tizona del Cid, sin protección alguna.

​Así que de nuevo el sufrimiento de otros conforman el divertimento nuestro, y hay algo dentro de mí que me dice que eso no está bien. Saco de nuevo mi maltrecha balanza de éticas problemáticas y esta se inclina otra vez hacia un no a las corridas de toros.

​Pero otro de los argumentos que se emplea para justificar las corridas de toros, es que el enfrentamiento entre toro y torero es justo. Aparece aquí de nuevo el concepto de mundo justo y su utilización para justificar una brutalidad.

​Salvaje es enfrentar en el siglo XXI a un ser humano con un toro, convenciendo al torero de que lo que hace es un arte y otorgándole cualidades como valentía, fuerza, coraje y hombría, a través de no se sabe muy bien que mecanismo psicológico inducido en la mente de unos muchachos que magnifican y elevan a nivel de semidioses un oficio adornado con una estética impecable y consolidado en una escuela taurina con pretensiones de permanecer en una sociedad que cada vez es más sensible al padecimiento gratuito. ​

(AVAT) (http://www.avat.org.es)

El arte de defender lo indefendible I (El foie)

By James Milton Tillman

La drapetomanía se definió como una enfermedad propia de los esclavos negros que se manifestaba como una tendencia irrefrenable a tratar de escapar de sus dueños. Samuel A. Cartwright el médico lumbreras que se dio cuenta de la existencia de tal enfermedad advirtió: “Con las ventajas de un consejo médico adecuado, si se sigue estrictamente, este comportamiento problemático de escaparse que presentan muchos negros puede prevenirse por completo” como vemos intentar defender lo indefendible no es un asunto nuevo.

En esta vida uno puede tomar partido por lo que más le apetezca, he observado que no solamente es exclusivo de los políticos la capacidad de poder defender cualquier postura, ¿quién no se ha sentado delante de un televisor a escuchar una tertulia política y tras prestar atención a alguno de los participantes y convencerte con sus argumentos le ha seguido en su intervención otro de signo contrario que al poco te ha hecho tambalear de lo que un minuto antes dabas por seguro e inamovible?

No solo los políticos tienen esta habilidad, también los científicos, mentes entrenadas de gran cociente intelectual y de prestigio intachable nos hacen partícipes de posturas absolutamente contrarias con argumentos irrefutables. Este sutil y refinado arte de confundir al personal es muy útil y sirve para que, quien lo sabe utilizar, afiance su postura en postulados que los demás le atribuyen por pertenecer a determinado grupo. Así por ejemplo personas brillantes que están en determinadas ideologías son esclavos de los dogmas que se les atribuyen, y tienen que subyugar su pensamiento si quieren permanecer en ese grupo. En líneas generales, no puedes ser de izquierdas y estar en contra del aborto o de derechas y a favor, por ejemplo.

Por otra parte, uno no puede tener criterio a cerca de todo, y de vez en cuando te ves en situaciones improvisadas defendiendo actitudes que simplemente por oposición al contertulio que tienes en frente, eres capaz de argumentar al menos con la misma solidez que tu rival, aunque más tarde te convenzas de que lo que has dicho no es lo que realmente te gustaría pensar. Así llegamos al tema que nos ocupa, el arte de defender lo indefendible. Es este un tema muy peliagudo, puesto que si adoptas una determinada postura, se exige que la extrapoles a todo lo que te rodea. Si dices que no al maltrato animal en determinados festejos, enseguida la otra postura te arroja hacia las granjas de pollos, vacas y cerdos utilizados para la comida humana, lo que te obliga a admitir un doble rasero en tu pensamiento, quedándote como única alternativa convertirte en vegano y entonces serán los científicos carnívoros los que se encargarán de aportar argumentos con los que derrumbar las solidas defensas de aquellos que defienden una vida sin sufrimiento.

Que el ser humano es omnívoro, es un hecho. Que el ser humano es capaz de evitar la ingesta de carne, es otro hecho. Doscientos mil años comiendo carne y sacrificando animales no se apartan tan fácilmente de nuestro camino, pero hay algo de irracional en obtener placer a cambio del sufrimiento gratuito de los demás, pero basta de palabreo y vayamos al grano.

A mucha gente le gusta el foie de pato, yo estoy entre ellos, pero saber cómo se produce me ha convencido para sacrificar mi paladar en pos de una vida mejor para ellos (los patos). Al fin y al cabo no solo de pan vive el hombre, y cuando vas a la cama a dormir, a poco reflexivo que seas, se aparece Pepito Grillo y comienza a revolver en tu cerebro con la delicadeza de un erizo en una fiesta de globos. Se fuerza al animal (al pato) a comer varias veces al día, introduciéndole un tubo metálico de 20 a 30 cm por la boca hasta el estómago, lo que le produce una esteatósis hepática, (inflamación del hígado), que es lo que luego nosotros nos comemos. Describir con pelos y señales la vida de un pato dedicado a la producción de fuagrás sería bastante desagradable, y no es este mi propósito, el que quiera saber el sufrimiento real de estos animales, lo tiene muy fácil. Está claro que podemos mirar hacia otro lado, echar mano de la tradición, de la economía (miles de puestos de trabajos que produce esta industria), o del placer que nos provoca su consumo, para así justificar su existencia. Pero el ser humano está llegando a un punto de su evolución que supera comportamientos de instinto animal y comienza a exigir de una forma generalizada, si al menos no se puede impedir el sacrificio, evitar el sufrimiento.

Comenzar a hablar de ética de los alimentos, principalmente en la escuela, nos vendría muy bien sobre todo para construir una sociedad más justa e igualitaria.

La religión judía lleva aplicando su ética de los alimentos, que ellos llaman cashrut, hace miles de años, que no es otra cosa que una serie de preceptos derivados de la Torá y siempre en concordancia con los criterios bíblicos recogidos en el libro del pentateuco llamado Levítico. La etiqueta Casher es como una especie de marca que define exactamente al producto como respetuoso con los preceptos de la religión judía. No voy a entrar a analizar lo que los judíos pueden comer o no, pero sí me interesa un apartado dentro de todo este procedimiento que es importante y referente al sufrimiento de los animales al ser sacrificados para su consumo. Estos deben de ser muertos por el shojet que debe de utilizar cuchillos debidamente afilados y aplicar un corte perfecto en el cuello con el propósito de que el animal padezca lo menos posible.

En definitiva hay algo malvado en la producción de foie, que entra en contradicción con lo sabroso que está, y que deberíamos sopesar en nuestra balanza de la ética (cada uno tenemos la nuestra) y que en mi caso hace que ésta se incline hacia el no consumo, no sólo de foie, sino de productos obtenidos con métodos de producción que rayan el sadismo, abogando claramente por leyes que limiten el sufrimiento que se puede infligir a un ser vivo con sistema nervioso, sobre todo cuando la tortura está dirigida exclusivamente para satisfacer un paladar sibarita.

Mañana hablaremos de los toros.

Del ratoncito Pérez ni hablamos.

By James Milton Tillman

Un día de verano, me encontraba a punto de coger la lancha de regreso, desde la playa del puntal a Santander, y justo antes de comenzar a caminar por la pasarela de madera que te permite acceder al barco, oí una breve conversación entre dos niños, de apenas cinco años de edad, que situados en un lado cercano al embarcadero permitía, al tiempo que haces la cola, enterarte de lo que hablaban. Los dos se encontraban elaborando un flan de arena con un cubo y un par de palas, y de repente el uno le dijo al otro ¡no es lo mismo, comerse lo mocos que oler a meaos!

Esta inofensiva frase, se quedo grabada en mi memoria y estuve dando vueltas durante todo el trayecto a tan profundo pensamiento, intentando obtener el sentido y la intención de lo que los dos infantes se traían entre manos. Está claro, al menos para un adulto, que la diferencia entre comer y oler, en este caso, estriba en la voluntariedad. Si bien la primera, sobremanera si se refiere a los mocos, es producto de la voluntad de hacerlo, la segunda es el resultado de un acto de incontinencia, en donde tú no controlas la situación.

Mi sobrina, de ocho años de edad, tuvo hace unos días una reunión familiar en la que solemnemente se le comunicó que los Reyes Magos eran en realidad los padres, y que todo en definitiva había sido un engaño. Lejos de conformarse con arrojar a este mundo cruel unas lágrimas de desencanto, (que lo hizo), al poco de recuperarse no sólo se mostró enfurecida sino que además pidió responsabilidades. Explicaciones que sus padres fueron incapaces de desarrollar, en lo que era ya una situación que comenzaba a escaparse de su control. Expresiones como – ¿O sea que las fotos con los Reyes, son fotos con extraños? O ¡No se puede engañar así a los niños! Continuaron con un ¡necesito saber la verdad para no engañar a mis hijos!.

Tras una breve pausa en la que nadie sabía que decir, el silencio se podía cortar con un cuchillo,  añadió con gravedad ¡ Yo se que Dios no existe! Y se fue dando un portazo.

Algo está cambiando en los niños, su actividad intelectual sobrepasa con creces la inocencia con la que nosotros vivimos situaciones parecidas. Reflexiones profundas, planteamientos ontológicos, demandas de responsabilidades por debajo de los diez años, supera todas las expectativas, y nos hace plantearnos, o por lo menos debería, que los actuales cocientes intelectuales sazonados de nuevas tecnologías requieren originales propuestas, no solo educativas, sino también lúdicas.

Del ratoncito Pérez ni hablamos.

Publicado en Vida.

A través de la fe (en el dinero) se llega al Paraíso (fiscal) (III)

By James Milton Tillman

Ahora que está tan de moda la globalización, vamos a hacer lo propio con nuestras deducciones y vamos a pensar globalmente.

Existen indicios razonables, como hemos visto hasta ahora, de que el dinero no representa la riqueza que hemos generado, y que mucha parte de él sobra (a ver quién es el guapo que lo destruye). Del mismo modo podemos pensar que el dinero que hay en los paraísos fiscales, no está físicamente representado, primero porque solo un 3 % del dinero que existe en el mundo está impreso y segundo porque llevar a una isla 20 billones de euros o dólares es harto complicado, y muy arriesgado. Si el paraíso está en Suiza, Mónaco o el Vaticano, podría ser factible (y de hecho lo es). Así que el dinero de los paraísos fiscales está en los discos duros de los ordenadores, en forma de de ceros y unos. Entonces, ¿cómo ha llegado allí? La respuesta es aterradoramente sencilla, desde nuestro sistema financiero, desde nuestros bancos. Ejemplifiquemos el asunto.

Soy un narcotraficante, vendo al menudeo en Madrid, y recojo de la calle todos los meses un millón de euros en billetes de 20. Lo primero que hago es cambiarlos por billetes de 100 o 500 (seguramente aquí hay otro negocio), los meto en una maleta y me los llevo a un banco de Gibraltar, porque allí tengo una sociedad abierta llamada Investment Technology 2000. A partir de que el dinero entra en contacto con una entidad financiera, y lo ven con sus propios ojos, ese dinero deja de ser importante físicamente para serlo virtualmente y entrar en el circuito de internet y viajar libremente por el mundo en forma de ceros y unos. A continuación el dinero físico se vuelve a poner en circulación y volvemos a empezar. Resultado, un disco duro en las islas Caimán registra una transacción de un banco europeo que certifica que ese dinero existe, a cambio de una comisión. Y el ordenador de las islas Caimán, empieza a echar humo, y pronto hay que hacer una ampliación de memoria. Sin embargo en las islas Caimán no hay ni un billete, ni un cajero, y muy probablemente ni una sucursal. Incluso el propio banco europeo o americano, se puede inventar todo el tinglado.

Aparentemente es fácil sacar dinero a un paraíso fiscal, lo que es más difícil (no mucho, aunque cada día más) es volverlo a introducir en el circuito legal. Ahora vienen las preguntas para que penséis un poco:

¿Por qué es tan fácil sacar dinero?

¿Por qué el sistema financiero promueve sacar dinero a un paraíso fiscal?

¿Qué sucede con el dinero que no representa riqueza?

¿Tiene valor el dinero de los paraísos fiscales desde una perspectiva global?

¿Qué ocurriría si todo el dinero en paraísos regresara a casa?

¿Será realmente posible que sobre dinero?

¿Es posible que los paraísos fiscales, solo existan en los discos duros de algunos ordenadores de bancos de nuestro sistema financiero legal?

A través de la fe (en el dinero) se llega al Paraíso (fiscal) (II)

 By James Milton Tillman

Por lo visto tenemos un problema con el tema de imprimir billetes, pero es un hecho que alguien tiene que hacerlo, lo que sucede en nuestro sistema viene agravado por más factores que se añaden a esta ecuación perversa del dinero. En concreto tres: la representación, el interés y el valor.

Representación: Parece que tenemos claro que el dinero no vale nada si no representa riqueza, tanto en bienes como en servicios. Nace para materializar lo intangible (trabajo) y lo tangible (bienes). Como dije antes, si el sistema crea un euro para representar el valor de un pan, podemos considerar que ese pan tiene en su composición materia y trabajo. Cuando el pan es vendido a un cliente, este se lo come y la parte material del pan, que es un porcentaje alto de su valor, desaparece, sin embargo el euro que lo representa permanece completo. Aquí comenzamos a tener un inconveniente. El dinero ya no representa la realidad, comienza a circular más dinero que su valor real. Para corregir este gran problema el sistema debería de destruir dinero en proporción a los bienes que desaparecen. Aunque fuéramos capaces de destruir dinero habría que preguntarse ¿qué sucede con la parte del pan que representa el trabajo del hombre, lo intangible? Pues sigue circulando año tras año, de tal manera que el dinero que se creó para representar la fabricación de un pan en 1970, sigue circulando en 2013, el sentido común nos dice que algo falla.

El interés: ¿Pero quién fabrica hoy el dinero? Este es un galimatías muy complejo. La forma de fabricar dinero (que no sea el del monopoly) en el mundo está básicamente controlada por EE.UU. Qué duda cabe que en Chiquitistán, pueden tener una máquina para fabricar “su” dinero (monopoly), pero en un mundo globalizado económicamente ese dinero solo les sirve a ellos, cualquier transacción comercial que hagan con el extranjero deberán pagarla con dólares. La explicación de porqué esto sucede así es larga, y compete a ciencias políticas y sociales, puede que algún día me anime a contarla, pero para el caso que nos ocupa, vamos a darla por cierta. La energía es la que mueve el mundo y hasta ahora esta se obtiene de petróleo, si no hay petróleo se para la industria. El petróleo se compra y se vende en dólares en los mercados internacionales, hay intentos de hacerlo en rublos, en yenes, en riales iraníes, pero de momento el petrodólar es el que se impone. Así que Obama se levanta un día por la mañana coge el teléfono y le dice a su secretaria que le ponga con una institución privada que se llama Reserva Federal (FED). Al otro lado del teléfono se encuentra su director Ben Bernanke, y el presidente le dice que necesita 700.000 millones de dólares y Ben le pregunta ¿qué me das a cambio? y Obama le contesta: – unos papeles que dicen que te voy a pagar los setecientos mil más un interés, y Ben dice ¡fantástico! ¡Negocio redondo!, le dejo al presidente que en su ordenador ponga un siete seguido de once ceros y a cambio me devuelve el dinero más siete mil millones.

En sus adentros Ben sabe que los siete mil millones no existen, pero no importa cuando los necesite (el presidente), él se encargará de vendérselos (más otro interés).

Así durante años, de tal manera que si sumamos todo el dinero del mundo más los intereses que hay que pagar por ese dinero, no existe, por ese motivo hay que inyectar dinero constantemente al sistema, porque cuando se crea lo hace con interés (de nuevo el sentido común no entiende muy bien por qué es así, salvo en términos de codicia).

Y ahora ¿qué hace Obama con ese dinero? Muy fácil, lo presta a los bancos centrales, y al FMI a cambio de un interés (vete sumando al primer interés). La ley permite que si depositas un 10% del dinero que has recibido, ya sea en préstamos o en depósitos de la gente ahorradora, el otro 90% lo puedes prestar, es lo que se llama reserva fraccionada. Y como los bancos te prestan ese dinero para tus cosillas, en cuanto te prestan la pasta tu vas y la ingresas en el banco y automáticamente se convierte en una cantidad que pueden volver a prestar a cambio de deducir el 10% correspondiente a la reserva fraccionada, de tal manera que en la práctica los setecientos mil millones se multiplican por 9. ¿Pero no habíamos quedado que el dinero representaba la riqueza, los bienes y el trabajo? Pues parece ser que no. Esto me huele a Houston tenemos un problema.

El valor: De acuerdo, el dinero no es lo que tenía que ser. No importa, que sigan inyectando pasta hasta el infinito. ¿Qué más da? Todo parece que sigue igual. Eso sería muy bonito y el sistema sería perfecto, pero si el dinero que se inyecta constantemente no representa riqueza ¿De dónde adquiere su valor? Muy sencillo del que ya existe, me explico: supongamos una sociedad en la que circulen mil euros y que estos representan fehacientemente la riqueza que existe, de pronto aparece un falsificador muy bueno y coloca sin que nadie se dé cuenta un billete de cien euros a circular, ahora la cantidad de dinero que  circula es de mil cien euros, sin embargo la riqueza es la misma, que ha pasado con los mil primeros euros, pues que ya no valen mil, puesto que, ahora hay que dividir la riqueza que representan, que sigue siendo la misma, entre mil cien, lo que significa que de cada euro que circulaba antes hemos tenido que quitarle diez céntimos para darle valor al nuevo billete (falso) de cien que ha empezado a circular. Eso los economistas lo llaman inflación, yo lo llamo atraco legal.

Resumiendo: Nadie sabe el dinero que hay en el mundo. Este no representa la riqueza. La masa monetaria es incalculable y es muy posible que en poco tiempo todo el sistema se caiga. Síntomas hay.

El dinero es uno de los componentes fundamentales en el pensamiento del mundo justo. En la sociedad en la que vivimos, su abundancia simboliza el triunfo, su escasez el fracaso. Es un auténtico termómetro en lo que se refiere a cuantificar lo que se merece cada uno. El dinero ha sido capaz de camuflarse y constituir la medida de la justicia, en relación a la cantidad que cada uno posea. Pero da lo mismo, estamos como sumergidos en una secta, da igual que le digas a la gente lo que están haciendo con ella, no reacciona. Siempre hay una justificación para continuar como estamos. En el pensamiento sectario pasa lo mismo, hay un gurú que anuncia el fin del mundo en una fecha determinada, pasa el día y se inventa cualquier otra excusa que todos aceptan y se vuelve a empezar. Actuamos como si lo que se nos presenta delante de nuestras propias narices no existiera. Como si no fuéramos dueños de nuestra vida, como gente entregada y vencida en una batalla que pertenece a una guerra eterna, de la cual no se puede desertar, porque sabes que si lo haces te fusilan. Es una clase de inercia que nos impide reaccionar, tomar el mando. En fin, algo triste. (Continuará…)