¿Eres cerámico o superautomático?

By James Milton Tillman

El ser humano ha logrado concretar su pensamiento en ideas. A través de la plasticidad de su cerebro, no solamente capta la información por medio de los sentidos, también es capaz  de conformar nuevos conceptos sin necesidad de una experiencia previa. Estas ideas son producto del razonamiento, del análisis y de la reflexión. Las ideas tienen su repercusión en nuestra vida cotidiana y se ven reflejadas en nuestra sociedad. Pueden ser muy directas y tener una aplicación al mundo material o pueden ser la base de otras ideas más complejas. Pero la grandeza de la idea ya sea individual o en conjunto con otras para formar una supraidea es que, por si misma es un concepto, y no necesita de otras para permanecer. Sin embargo existen otro tipo de ideas que no se concretan en un concepto y que el hombre asume sin reflexionar como algo propio y sin darse cuenta del mal que recibe.

Alan Watts habla de un mundo cerámico y de un mundo superautomático. Hay una idea que sobrevuela ese intelecto colectivo que tenemos los humanos, de que estamos en este mundo de paso. Esta, sin ser seguramente  elaborada con mala leche, es la que se desprende de la suma de un conjunto de ideas que conforman el mundo cerámico, pregonado por la mayoría de las religiones del planeta, a saber, cristianismo, islamismo, judaísmo e hinduismo. Hemos sido “fabricados” y colocados en este planeta y una vez que hagamos nuestras cosas, nos trasladaremos a otro lugar que ya será el definitivo. Así que ¿por qué cuidar un lugar en el que estamos de paso. Esta es la gran herencia recibida de la concepción de un mundo cerámico. “coged el mundo, usadlo, pateadlo, vosotros no sois de este mundo, vuestro reino está en otro lugar lejos de aquí, os podéis limpiar el culo con él y con los que habitan en él”.

Ese es el verdadero problema, el concepto de eventualidad. Luego llegaron los superautomáticos que han sido capaces de explicar los mecanismos evolutivos en base a la genética que ha conseguido traernos hasta aquí. Han cogido un guante y han abofeteado a los cerámicos una y otra vez, retándolos a un duelo en que las armas estaban elegidas de antemano, y las pocas veces que se han presentado a la contienda, han salido muertos (los cerámicos). La existencia de Dios desde un punto de vista no-teísta es irrelevante, no tiene consecuencias más allá de nuestra propia vida. Aristóteles, que era un tío muy listo, nos decía que para sentir placer debíamos experimentar dolor, y que no existía el uno sin el otro. Te apretaban un pie hasta que se te saltaban las lágrimas y cuando cesaba la tortura aparecía un placer indescriptible. Todos estamos relacionados los unos con los otros desde el Bosón de Higgs  hasta la uña de tu dedo gordo. Hay que abandonar la idea del espectador y considerarse parte de un todo. ¿Que dios existe? mira que bien, yo también ¿Que dios no existe? mira que bien, yo sí. El concebir un mundo como justo, se desprende tanto de la concepción cerámica como de la superautomática. La primera tiene como causa a Dios, la segunda al Bosón de Higgs, y mientras los demás seres que conviven en este planeta con nosotros, asisten pasmados a su destrucción. Estamos muy lejos de que nuestra inteligencia resuelva nuestros propios problemas respetando el entorno. Esta falta de conciencia de formar parte de algo, nos lleva a actuar de la forma que lo hacemos. Te pongas donde te pongas, ya seas cerámico o superautomático el mundo está jodido. Pero vamos a proponer algo, después de este análisis hay que hacerlo, es fácil criticar y más difícil solucionar. ¿Qué debe de hacer el ser humano? ¿Abandonar sus creencias? ¿Aceptar unas nuevas? ¿Asumir los hechos científicos? Pienso que puede hacer lo que le venga en gana, pero lo que no puede dejar de pensar es que; él mismo es la naturaleza, en su manifestación más consciente y que el simple hecho de matar a un ser que convive con nosotros, es un suceso que se puede volver en su contra. Ya no digo que no lo haga porque esté convencido de que no debe hacerlo (sería lo más deseable) sino que no lo haga porque el perjudicado va a ser él mismo. En este planeta, nuestro mundo, nos necesitamos todos y nuestra especie tiene que ser capaz de gestionar el enorme poder que la naturaleza le ha prestado, de lo contrario la misma que se lo dio, se lo quitará.

Muchas veces en conversaciones con mis amigos, se ha llegado a la misma conclusión, no se puede hacer nada, la vida es inamovible y por mucho que uno se empeñe no va a poder cambiarla, estamos irremediablemente atados  a la dirección de la bandada, no tenemos margen de maniobra y es inútil e infructuoso cualquier esfuerzo que se haga intentando cambiar las cosas. Sin embargo la historia nos dice lo contrario, y aunque no seamos capaces de dirigir por un rumbo exacto  nuestro futuro, si podemos al menos enfilar una dirección y no otra. Cuando un solo individuo decidió construir la gran muralla de China, cambió la historia, y los bárbaros ante la imposibilidad de sobrepasar esa barrera decidieron cambiar el objetivo de sus conquistas y adentrarse hacia el occidente, dando lugar a toda la historia de los últimos mil quinientos años. Cuando Fleming descubrió la penicilina, cambió la faz del mundo y aunque sin duda con su descubrimiento permitió vivir a muchos desalmados, también lo hizo con numerosas gentes que hicieron de este mundo un lugar mejor. Es posible que un hombre no cambie el mundo, porque el mundo no se puede cambiar, simplemente evoluciona, toma una dirección, pero si puede indicar el camino, y el camino nos puede llevar o al infierno o al paraíso, de nosotros depende.

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