A través de la fe (en el dinero) se llega al Paraíso (fiscal) (I)

By James Milton Tillman

Al parecer la cantidad de dinero que está depositada en paraísos fiscales equivale al producto interior de EEUU y Japón juntos, es decir, entre 21 y 32 billones de euros. Es esta una situación que todo el mundo conoce, desde los políticos y banqueros, hasta empresarios de tamaño medio o ricachones individuales, y lo conocen, por una sencilla razón, lo utilizan. Al menos eso avala un estudio realizado por alguien que trabajó en McKinsey & Company, una de las consultoras más importantes del sistema financiero, James S. Henry (¿Mefistófeles?)

Ahora bien, para llegar a ciertas conclusiones, tenemos que recordar algunos conceptos básicos de nuestra economía, entre los que se encuentran, la definición de dinero. ¿Qué es el dinero? Aparentemente es una cuestión sencilla, pero casi todos confundimos el para qué sirve con el qué es el dinero.

Para entender que es el dinero en la actualidad, hay que tener en cuenta que este sólo tiene valor cuando la riqueza ya existe. Su razón de ser es precisamente la de representar riqueza, que ya ha sido producida o se está produciendo, pero que todavía no se ha consumido, es decir, bienes y servicios que podemos intercambiar por otros.

Pero si la riqueza se crea y se consume, si no es permanente, ¿no debería de pasar lo mismo con el dinero? Si el dinero ya no representa algo que exista, una vez que la causa que lo originó ha desaparecido por su consumo, ¿no debería desaparecer la moneda que lo valorizaba? ¿A manos de quién va el dinero que ya ha representado una determinada riqueza? Si yo he creado un euro que simboliza una barra de pan, y me como el pan, el euro continúa en el sistema, representando algo que ya no existe. Al igual que el dinero no vale nada si no hay una riqueza que lo avale, cuando se extingue el aval, habrá que retirar el dinero que la representaba. Algo falla: veamos qué.

            Con la llegada del renacimiento también comenzaron los grandes Estados, las ciudades-estado fueron desapareciendo y se fueron formando las naciones que conocemos ahora. Enseguida necesitaron financiación y los bancos más parecidos a lo que hoy conocemos, habían surgido allá por el siglo XI para financiar las Cruzadas. Pero con independencia de las necesidades pecuniarias de los estados, los bancos se utilizaban para salvaguardar la riqueza, de tal manera que alguien que tenía mucho oro, lo depositaba o se lo cedía al banco para poder dormir tranquilo, y este, a cambio de unas garantías le protegía su riqueza, emitiendo unos papelitos con una maquinita, que certificaban que se tenía depositado en su banco cierta cantidad de oro o plata. Sin embargo los banqueros se dieron cuenta de que los depositantes, rara vez retiraban el oro y este permanecía en sus cajas durante períodos largos, así que decidieron utilizar la maquinita, y prestar dinero en forma de papeles a cambio de un interés. Y la codicia llevó a más de uno a usar la máquina de imprimir papel desmesuradamente, y unido a algunos préstamos impagados, comenzó a dar muchos quebraderos de cabeza. Por ejemplo en EE.UU a mediados del siglo XIX existían ocho mil tipos diferentes de billetes. Hasta que fueron los estados quienes se apoderaron de la máquina de imprimir, otorgándose la única potestad para utilizarla y según criterios de un buen padre de familia.

 Claro que esto no ocurrió y lo que hacían los banqueros en un principio, lo comenzaron a hacer los políticos y gobernantes, de tal manera que la máquina de imprimir volvió a echar humo, y sumado el valor de los papeles que circulaban por sus estados no representaban el valor real en oro y plata que tenían en sus cajas fuertes, así que nadie se creía lo que decía el papel. El desastre fue total, así que decidieron cambiar de patrón. El patrón oro desapareció y a alguien se le ocurrió el patrón trabajo, representado por el dinero fiduciario, que no es otra cosa que tener fe en el valor de lo que dicen que vale el billete. Es decir que en cuanto se pierde la fe, se pierde el valor. Así que llegamos a una fase en la que los estados para recuperar la fe se han visto obligados a soltar la maquinita y dejarla en manos de asociaciones independientes de los gobiernos, a saber, el Banco central europeo y La reserva federal americana. Además existe otro organismo llamado Fondo monetario internacional, que como su nombre indica es una especie de bote, en el que todas las naciones ponen dinero para poder solicitar ayuda en caso de necesitarla, lo que ocurre muy a menudo (el bote está vacío), y que ha llevado al propio FMI a pedir créditos a la Reserva federal americana y a todo aquel que se lo de, este organismo es controlado por EE.UU.

            Recapitulemos. Parece que el meollo de la cuestión está en quién tiene la maquinita. Pues bien, en un principio la tenía quien la inventó, el banquero. Luego se la quitaron por su uso indebido y se la quedaron cada uno de los estados o naciones, comenzó a echar humo y ahora los estados se han visto obligados a desprenderse de ella con mucho dolor de su corazón para recuperar la fe en lo que se imprime. Pero ¿quién garantiza que quienes ahora tienen la capacidad de imprimir no harán como sus dos predecesores y sobrecargarán la impresora? – total ahora ya no es necesario ni fabricar el papel, el dinero es virtual, no se gasta ni tinta, se encuentra en forma de números en las memorias de los ordenadores-. La respuesta es nadie. De hecho lo que sucede es lo siguiente: (continuará…..)

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