A través de la fe (en el dinero) se llega al Paraíso (fiscal) (II)

 By James Milton Tillman

Por lo visto tenemos un problema con el tema de imprimir billetes, pero es un hecho que alguien tiene que hacerlo, lo que sucede en nuestro sistema viene agravado por más factores que se añaden a esta ecuación perversa del dinero. En concreto tres: la representación, el interés y el valor.

Representación: Parece que tenemos claro que el dinero no vale nada si no representa riqueza, tanto en bienes como en servicios. Nace para materializar lo intangible (trabajo) y lo tangible (bienes). Como dije antes, si el sistema crea un euro para representar el valor de un pan, podemos considerar que ese pan tiene en su composición materia y trabajo. Cuando el pan es vendido a un cliente, este se lo come y la parte material del pan, que es un porcentaje alto de su valor, desaparece, sin embargo el euro que lo representa permanece completo. Aquí comenzamos a tener un inconveniente. El dinero ya no representa la realidad, comienza a circular más dinero que su valor real. Para corregir este gran problema el sistema debería de destruir dinero en proporción a los bienes que desaparecen. Aunque fuéramos capaces de destruir dinero habría que preguntarse ¿qué sucede con la parte del pan que representa el trabajo del hombre, lo intangible? Pues sigue circulando año tras año, de tal manera que el dinero que se creó para representar la fabricación de un pan en 1970, sigue circulando en 2013, el sentido común nos dice que algo falla.

El interés: ¿Pero quién fabrica hoy el dinero? Este es un galimatías muy complejo. La forma de fabricar dinero (que no sea el del monopoly) en el mundo está básicamente controlada por EE.UU. Qué duda cabe que en Chiquitistán, pueden tener una máquina para fabricar “su” dinero (monopoly), pero en un mundo globalizado económicamente ese dinero solo les sirve a ellos, cualquier transacción comercial que hagan con el extranjero deberán pagarla con dólares. La explicación de porqué esto sucede así es larga, y compete a ciencias políticas y sociales, puede que algún día me anime a contarla, pero para el caso que nos ocupa, vamos a darla por cierta. La energía es la que mueve el mundo y hasta ahora esta se obtiene de petróleo, si no hay petróleo se para la industria. El petróleo se compra y se vende en dólares en los mercados internacionales, hay intentos de hacerlo en rublos, en yenes, en riales iraníes, pero de momento el petrodólar es el que se impone. Así que Obama se levanta un día por la mañana coge el teléfono y le dice a su secretaria que le ponga con una institución privada que se llama Reserva Federal (FED). Al otro lado del teléfono se encuentra su director Ben Bernanke, y el presidente le dice que necesita 700.000 millones de dólares y Ben le pregunta ¿qué me das a cambio? y Obama le contesta: – unos papeles que dicen que te voy a pagar los setecientos mil más un interés, y Ben dice ¡fantástico! ¡Negocio redondo!, le dejo al presidente que en su ordenador ponga un siete seguido de once ceros y a cambio me devuelve el dinero más siete mil millones.

En sus adentros Ben sabe que los siete mil millones no existen, pero no importa cuando los necesite (el presidente), él se encargará de vendérselos (más otro interés).

Así durante años, de tal manera que si sumamos todo el dinero del mundo más los intereses que hay que pagar por ese dinero, no existe, por ese motivo hay que inyectar dinero constantemente al sistema, porque cuando se crea lo hace con interés (de nuevo el sentido común no entiende muy bien por qué es así, salvo en términos de codicia).

Y ahora ¿qué hace Obama con ese dinero? Muy fácil, lo presta a los bancos centrales, y al FMI a cambio de un interés (vete sumando al primer interés). La ley permite que si depositas un 10% del dinero que has recibido, ya sea en préstamos o en depósitos de la gente ahorradora, el otro 90% lo puedes prestar, es lo que se llama reserva fraccionada. Y como los bancos te prestan ese dinero para tus cosillas, en cuanto te prestan la pasta tu vas y la ingresas en el banco y automáticamente se convierte en una cantidad que pueden volver a prestar a cambio de deducir el 10% correspondiente a la reserva fraccionada, de tal manera que en la práctica los setecientos mil millones se multiplican por 9. ¿Pero no habíamos quedado que el dinero representaba la riqueza, los bienes y el trabajo? Pues parece ser que no. Esto me huele a Houston tenemos un problema.

El valor: De acuerdo, el dinero no es lo que tenía que ser. No importa, que sigan inyectando pasta hasta el infinito. ¿Qué más da? Todo parece que sigue igual. Eso sería muy bonito y el sistema sería perfecto, pero si el dinero que se inyecta constantemente no representa riqueza ¿De dónde adquiere su valor? Muy sencillo del que ya existe, me explico: supongamos una sociedad en la que circulen mil euros y que estos representan fehacientemente la riqueza que existe, de pronto aparece un falsificador muy bueno y coloca sin que nadie se dé cuenta un billete de cien euros a circular, ahora la cantidad de dinero que  circula es de mil cien euros, sin embargo la riqueza es la misma, que ha pasado con los mil primeros euros, pues que ya no valen mil, puesto que, ahora hay que dividir la riqueza que representan, que sigue siendo la misma, entre mil cien, lo que significa que de cada euro que circulaba antes hemos tenido que quitarle diez céntimos para darle valor al nuevo billete (falso) de cien que ha empezado a circular. Eso los economistas lo llaman inflación, yo lo llamo atraco legal.

Resumiendo: Nadie sabe el dinero que hay en el mundo. Este no representa la riqueza. La masa monetaria es incalculable y es muy posible que en poco tiempo todo el sistema se caiga. Síntomas hay.

El dinero es uno de los componentes fundamentales en el pensamiento del mundo justo. En la sociedad en la que vivimos, su abundancia simboliza el triunfo, su escasez el fracaso. Es un auténtico termómetro en lo que se refiere a cuantificar lo que se merece cada uno. El dinero ha sido capaz de camuflarse y constituir la medida de la justicia, en relación a la cantidad que cada uno posea. Pero da lo mismo, estamos como sumergidos en una secta, da igual que le digas a la gente lo que están haciendo con ella, no reacciona. Siempre hay una justificación para continuar como estamos. En el pensamiento sectario pasa lo mismo, hay un gurú que anuncia el fin del mundo en una fecha determinada, pasa el día y se inventa cualquier otra excusa que todos aceptan y se vuelve a empezar. Actuamos como si lo que se nos presenta delante de nuestras propias narices no existiera. Como si no fuéramos dueños de nuestra vida, como gente entregada y vencida en una batalla que pertenece a una guerra eterna, de la cual no se puede desertar, porque sabes que si lo haces te fusilan. Es una clase de inercia que nos impide reaccionar, tomar el mando. En fin, algo triste. (Continuará…)

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