¿Somos los nuevos esclavos?

By James Milton Tillman

Fernando II de Aragón, para los que no estén muy puestos en historia el marido de Michelle Jenner en la serie de televisión, el 13 de agosto de 1487 conquistó Málaga, y estaba tan cabreado con el enemigo, que vendió a todos los defensores de la ciudad como esclavos, excepto a los que les aplicó la pena de muerte y a 25 familias musulmanas que se convirtieron en mudéjares. De los 15.000 esclavos que dispuso, un tercio los regaló  por toda Europa a nobles y Reyes, otro tercio los cambió por prisioneros cristianos en el norte de África, y el resto los vendió a particulares para sufragar los gastos de la corona. Entre los que regaló, cien fueron a parar a manos del Papa Inocencio VIII, quien los distribuyó entre sus sacerdotes preferidos. Para repoblar Málaga, que se había quedado sin un alma, repartió la capital y la provincia entre 6.000 cristianos.

Esparta tenía esclavos de dominio público llamados Hilotas, es decir esclavos del Estado.  Así mientras los espartanos se dedicaban a perfeccionar el arte de la guerra, los Hilotas trabajaban para ellos. A los pobres Hilotas les tenían hecha la vida un yogur, ya que su malsana costumbre de reproducirse y aumentar su población, ponía nerviosos a los espartanos, que temían una rebelión, así que de vez en cuando organizaban unos rituales denominados crypteia para perseguirlos y cargarse a unos cuantos, y para que todo fuera legal y poder matarlos sin cometer un crimen, los éforos todos los años les declaraban la guerra oficialmente.

 A los esclavos les daban un plato de comida para que no se murieran de hambre, un poco de ropa para que no se murieran de frío, y un techo para cobijarse de las inclemencias del tiempo. La comida era “comida basura” la ropa no era de marca, era más bien “marca blanca” y el techo nunca era suyo, siempre era del Estado.

 El sistema monetario del que somos partícipes, ha creado una nueva esclavitud remunerada, que consiste en que el hombre trabaje por dinero, a cambio de unas migajas de la auténtica riqueza de la tierra, somos los nuevos Hilotas. A los antiguos esclavos no los pagaban, pero les daban de comer y un techo, ahora te pagan para que te compres tú la comida, una casa que no será tuya hasta que mueras (y más allá) y algo de ropa, y así no pienses que trabajas por nada. Para mantener todo este montaje es necesario crear un sistema de escasez. Este sistema a parte de racionar y destruir recursos, está sustentado en la ignorancia de la gente, y para evitar que pensemos por nosotros mismos, nos proporciona distracción en cantidades industriales y genera ídolos y gurús que no alimentan para nada la toma de conciencia de la realidad social en la que vivimos, anestesiándonos en una sociedad de supervivencia y teniendo que estar agradecidos por tener un trabajo esclavizante y una hipoteca vitalicia. Un sistema capaz de comerciar con las necesidades básicas de las personas. Existen empresas que en el agua de las montañas, que cae del cielo, crían peces, que luego nos venden, esa misma agua desciende de una manera natural y produce electricidad, que nos venden, y al final también nos venden el agua con el que ya han ganado dinero. El sistema puede llegar a comerciar incluso con el aire que respiramos, y sino al tiempo.

 Menos mal que la esclavitud se abolió.

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