El arte, Lichtenstein y Newman

Decía un amigo el otro día que para él, el arte era algo aséptico, y que en la contemplación de arte no se involucraba personalmente. Tenía una barrera mental en la que nada le afectaba. Es una de las conclusiones más aberrantes que he oído en mi vida.

Entiendo el arte básicamente como un acto de comunicación, en la que intervienen el emisor (artista) el medio (disciplina artística) y el receptor (que es quién observa la obra).

En el arte me declaro totalmente escéptico, en el sentido filosófico. Los escépticos tenían como premisa lo que ellos llamaban la suspensión del juicio. No emitían juicios, solo opiniones. Para el escéptico no hace frío, se siente frío.

Es comprensible que desde mi concepto de arte como una pura comunicación, se desprenda la suspensión del juicio, ya que en la comunicación, si eres coherente, no se puede juzgar el mensaje, solo recibirlo.

Ahora bien, que no juzgue no significa que no sienta. Y es esa capacidad que tiene el arte de estimular sentimientos lo que causa mi admiración, y que algunos artistas consigan comunicarse conmigo a través de sus actos, ya sea música, pintura, o cualquier intención de relación en sentido artístico, es en cierto modo, un factor diferenciador fundamental del resto de los seres vivos que pueblan este planeta, que nos otorga la responsabilidad de comprometernos con su cuidado. De este modo llegamos a la supervivencia a través del arte. La verdad es que desde que he adoptado esta postura escéptica en referencia al arte, soy bastante más feliz. Y esta felicidad me está empujando a adoptar la misma postura en otros aspectos de la vida. Además concuerda muy bien con mi pensamiento antidogmático.

Otra cosa bien distinta es poner precio al arte. Como tantas otras cosas de nuestra sociedad, el dinero ha sido capaz de ofrecernos situaciones en relación al tráfico de obras que nos han dejado con la boca abierta. Observando como está la población en el planeta, sin querer ser demagógico, destinar ingentes cantidades de dinero al tráfico de arte es cuanto menos, inapropiado.

Se acaban de vender dos obras de unos artistas, el primero es de Lichtenstein “Mujer con sombrero de flores”, una interpretación que el autor hizo del retrato de Picasso de Dora Marr. Lo han vendido en 56,1 millones de dólares. El otro es “Onement VI” de Barnett Newman que lo han dado el pase por 43,8 millones de dólares.

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Sinceramente, y sin emitir juicio alguno, no entablo comunicación con estas obras.

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