Un par de puñetazos

By James Milton Tillman

El dinero no proporciona la felicidad, en eso parece que estamos todos de acuerdo, pero creedme si os digo que la pobreza tampoco. Viendo por enésima vez la película Gigante, de Georges Stevens, la última cinta que interpretó James Dean antes de morir en un accidente de tráfico con su Porsche Spyder 550, la escena final en la que Rock Hudson se enfrenta a tortas a un xenófobo dueño de un  bar de carretera, condensa en una docena de puñetazos la esencia de la vida, que no es otra que luchar por lo que es de justicia.

El problema surge cuando lo que es de justicia para unos, los otros lo consideran una injusticia. Y nunca faltan puntos de vista que discrepen totalmente de las opiniones que los demás tienen como ciertas.

La película en si, relata la vida de una familia tejana que gracias al petróleo se hace inmensamente rica, pero que a pesar del dinero, lo que da valor a sus vidas es la defensa de unos principios básicos.

Ahora bien, aunque se pueda discrepar de todo, creo que hay algunos puntos fundamentales en los que no habría que tener duda a la hora de enarbolar la lanza de Alonso Quijano y atacar el molino de viento de turno.

Tampoco hay que exprimirse mucho la cabeza para encontrar esa “base” en la que edificar nuestros principios, esos por los que vale la pena recibir algunos puñetazos ( a Rock Hudson le pusieron guapa la cara). Simplemente deberíamos desarrollar la Declaracion de los derechos Humanos y añadirla la declaración de los derechos de los animales (que aunque no os lo creáis existe). Sin embargo, al leer la Declaración, a parte de caérseme las lágrimas de emoción, se observa claramente que más que una declaración, es un conjunto de intenciones en su mayoría no cumplidas ni en los países socialmente más avanzados del planeta.

Pero al menos tenemos algo por lo que empezar. Y si nos da pereza empezar por el artículo uno, basta con saber que en todo el planeta tres mil millones de personas nunca han hecho una llamada de teléfono, y mil millones no saben lo que es un retrete y mucho menos papel higiénico. O que 870 millones de personas no saben leer ni escribir. Y lo que es peor 5.000 millones de personas que a pesar de saber leer, no entienden lo que leen porque su comprensión lectora es nula, y ni hablemos del analfabetismo digital que debe de rondar el 80% de la población mundial.

¿Qué nos espera, con este panorama?

La respuesta es sencilla, solidaridad.

Sin solidaridad el dinero no sirve para nada, el artículo 1º de DDHH nos dice “Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros

Nuestra sociedad cambia, pero no nos debe de asustar si somos solidarios, si nos ayudamos los unos a los otros. Nunca nuestra vida ha dejado de cambiar, nuestros padres no vivieron una vida como la nuestra, pero tampoco como la de nuestros abuelos. Hay que perder el miedo al cambio, siempre que estemos juntos. Si nos unimos y defendemos unos principios fundamentales, la tierra puede ser un buen lugar para vivir, aunque eso requiera recibir alguna que otra vez un par de puñetazos.

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