Más Darwin y menos Biblia

By James Milton Tillman

Nuestro sistema educativo proviene de la revolución industrial, cuando se requería adoctrinar a los jóvenes para que fueran mano de obra que sirviera a los objetivos de un sistema financiero liberal, en el que el dinero era, y es todavía, el objetivo principal. El memorismo lleva instalado en nuestros pupitres desde hace dos siglos y en la actualidad continúa igual. El abandono escolar se sitúa en España en el 25%. Lo que significa que uno de cada cuatro jóvenes están condenados a una vida de sufrimiento.

Que no tenemos los reflejos suficientes para reaccionar ante la implantación de las nuevas tecnologías, es evidente. Oscuros lobbys impiden que se instauren las tabletas en los colegios y se introduzcan de una vez por todas en el sistema educativo. Las tabletas significan libertad, libertad de cátedra donde los profesores pueden escribir sus propios libros de acuerdo a la materia requerida por el ministerio. Pero esta ansiada libertad está en conflicto con los intereses económicos, donde un estudiante se gasta en libros y material escolar una media de 300 euros por año, libros que luego el profesor utiliza muy poco o nada y que termina por dar apuntes a sus alumnos. El negocio editorial que mueve la educación lo ciframos en miles de millones de euros cada año (los libros no valen de un año para otro, incomprensiblemente). Pues bien además de estos ya endémicos problemas, nos introducen en el sistema educativo con calzador la asignatura de religión, fortaleciendo de esta manera la presencia de los teístas en la escuela y dando valor a los acuerdos con la Santa Sede de 1979.

La asignatura de religión es voluntaria, en eso estamos de acuerdo, pero también cuenta para sacar la nota media. Pero aunque no contara para sacar la media en el bachiller sólo debemos de comparar el número de horas que un estudiante del siglo XXI dedica a estudiar la venida del Espíritu Santo o la concepción de una virgen, o la transubstanciación (proceso por el que las hostias se convierten en el verdadero cuerpo de Jesucristo y el vino, en su sangre), compararlas digo con el número de horas que se dedica a estudiar la teoría de la evolución, la proporción es de 100 a 1 a favor de la religión.

Despreciar los hechos científicos que supone el conocimiento de la teoría de Darwin, en favor de unos relatos fantasiosos inventados por alguna mente calenturienta del pasado, y que a algunos nos producen zumbidos en los oídos, lo considero además de inapropiado, temerario.

Claro que el conocer y, por ende, aceptar la autenticidad de la teoría de la evolución como el mecanismo cierto a la hora de explicar la existencia de todos los seres vivos de este planeta, dejaría en muy mal lugar y en difícil explicación la existencia de unos primeros humanos llamados Adan y Eva y por consiguiente la anulación de uno de los dogmas que más sufrimiento ha causado a la humanidad como es el pecado original. Lou Marinoff nos insinuaba en su libro “ Más Platón y menos Prozac” yo me atrevería a decir “Más Darwin y menos Biblia”.

PD: Al señor Judas Tadeo, Pablo de Tarso o San Alpinio de Castelsarrazin se les puede estudiar en Historia.

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