Tengo un gato que ladra.

By James Milton Tillman

Yo tengo un gato. No es un gato cualquiera, posee una particularidad, no hace lo que los demás gatos, mi gato ladra. He llamado al médico de cabecera y me ha recetado, por teléfono, unas pastillas para que deje de ladrar. El doctor me dijo que no le diera más de una pastilla cada ocho horas hasta terminar la caja, pero como el gato ladra mucho yo le he dado dos a la hora. En un día se ha zampado la caja. Creo que ahora ladra más. Así que he llamado al psicólogo y me ha dicho que puede que ladre para llamar la atención, para distinguirse de los demás, y me ha dicho que por la noche le lea “Así habló Zaratustra” de Nietzsche. He pasado la noche en vela, junto a mi gato y le he leído también el “Anticristo” por si las moscas. Al final me he quedado dormido junto a él y por la mañana cuando nos hemos despertado ha vuelto a ladrar. Parece que es un caso perdido. La verdad es que a mi no me molesta. Lo hago más por los vecinos. Me avergüenza un poco tener un gato que ladre, así que sólo le saco a pasear por las noches cuando nadie me ve. Ha pasado mucho tiempo y ya me he acostumbrado a sus ladridos. Os dejo una foto de mi gato que se hizo el mes pasado con unos amigos, mi gato es el del medio, es una monada, lástima que nadie pueda verlo. En fin, cosas de la educación. Las normas son las normas.

perros-gatosEl que tenga oídos que oiga

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