El caballo amarillo de Boris Savinkov

By James Milton Tillman

En nuestra tertulia literaria de los viernes en el café Ópera, hemos tratado de un libro ya legendario, y tristemente actual    “ El caballo amarillo”, escrito en Paris en 1909. Su autor Boris Savinkov, además de ser escritor, era un terrorista con una concepción del mundo nihilista, es decir, en la vida del hombre no existe un plan más allá, ni un propósito establecido por ningún ser supremo. Unos personajes muy bien definidos, con muy pocas palabras, sitúan al lector en un contexto histórico, en el que los caracteres de los propios actores de la historia son parte fundamental de la trama. El estilo de diario en la narración le da verosimilitud al relato, agilidad y cierto suspense. En un segundo plano aparece una historia de amor del propio terrorista que termina, de la única forma que puede terminar para un asesino, un amor no correspondido en la manera deseada por una mente tan extrema en su concepción de la vida.

Veamos una muestra de como Boris Savinkov describe  un personaje, en este caso Andrei Petrovich, el ideólogo del grupo terrorista:

 Andrei Petrovich ha venido a vernos desde San Petersburgo. Es un miembro del comité. Tiene a sus espaldas muchos años de prisión en Siberia: la dura vida de un revolucionario convencido. Tiene los ojos tristes y una barba gris y afilada. Nos sentamos en el restaurante Hermitage. Habla con cierta timidez.”

 En cuanto a la actualidad del libro el propio personaje Andrei Petrovich propone:

 ¿Cómo combinar el terrorismo con el trabajo parlamentario? O bien reconocemos el parlamento, y nos presentamos a las elecciones de la Duma, o bien no admitimos la constitución y entonces, por supuesto, debemos proseguir con la campaña.

 Las connotaciones religiosas de uno de los terroristas, en concreto Vania, nos sugiere una lectura más allá de sus propias palabras donde  expresa ideas que subyacen en algunos comportamientos de iglesias cristianas y musulmanas. Recordemos en la historia del cristianismo que el matar en nombre de Dios estaba de moda. Ahora lo está en nombre de Alá.

VANIA : Escucha: la cadena no puede romperse. No tengo forma de escaparme, no puedo salir. Salgo a matar, pero creo en el Verbo, y me arrodillo ante Cristo. Sufro, sufro tanto…

 En cuanto al amor nos encontramos ante el único capaz de doblegar la actitud destructora del propio terrorista, donde su amada Yelena se va a manifestar como más radical en la extraña relación que han establecido los dos amantes. El terrorista sin Dios, se arrodilla ante una nueva forma de alienación, el amor:

 —Las aguas de una inundación no pueden llevarse consigo el amor, y los ríos no pueden arrastrarlo hasta el mar, pues el amor es tan fuerte como la muerte. Yelena, di una palabra y lo dejaré todo. Abandonaré la revolución, abandonaré el terrorismo. Me convertiré en tu esclavo.

 En definitiva un libro muy interesante, un autor más interesante que el libro, y unos temas en los que el lector sagaz encontrará un pozo sin fondo para la discusión filosófica, dinámica y actual de asuntos prácticamente constantes en la peripecia vital del ser humano.

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