La buena educación

By James Milton Tillman

Cuando se reunieron en la clase, ese día se propuso un tema para debatir. ¿Qué queréis ser de mayores? Lo que parecía una pregunta simple con una respuesta bastante sencilla se convirtió en el peor día vivido hasta la fecha en la vida de Fritz. Uno a uno fueron respondiendo en lo que parecía un concurso de loros de repetición. Médico, abogado, abogado, médico, futbolista, futbolista, médico. Cuando le tocó a Fritz este respondió con la determinación de quien se sabe poseedor de la verdad, Payaso. Las risas y las burlas de todos sus compañeros no hicieron mucho daño en el pequeño corazón de Fritz. Fue el profesor que tras mofarse de él, le conminó a que abandonara la idea, puesto que un payaso no tenía futuro, iba a ser muy difícil ganarse la vida y además no servía para nada, no tenía utilidad práctica, no aportaba nada a la sociedad. Fritz había colocado su sueño a los pies del profesor y a este no se le ocurrió otra cosa que pisotearlo.

A pesar de la estima que el pequeño Fritz sentía por su maestro, a quien consideraba una de las personas más sabias y respetables del planeta, decidió seguir adelante con su idea y convertirse en payaso.

La verdad es que fueron años duros para Fritz, no ganaba mucho dinero, pero tampoco lo necesitaba. Se conformaba con poco, y en definitiva hacía lo que realmente quería. Se podría decir que Fritz era una persona afortunada.

Lo que más dichoso hacía a Fritz, eran sus visitas a la unidad de oncología infantil. Allí desplegaba toda su creatividad, entre globos, muecas y caramelos, llevaba momentos inolvidables de felicidad a quien más lo necesitaba.

Un día estaba echándose unas risas con una niñita que no le quitaba ojo, que seguía todos sus movimientos con una sonrisa de oreja a oreja, cuando de repente la niña exclamó, ¡Abuelo!, y una figura apareció detrás de Fritz, acercándose apresuradamente a abrazarla.

Fritz le reconoció enseguida, era el viejo profesor. Por un momento los dos se miraron. El maestro no supo quien era Fritz oculto tras su maquillaje de payaso, y abrazando a su nieta le dijo ¡gracias!

– Soy yo, ¿no me reconoce?, soy Fritz, su alumno.

Los dos se miraron a los ojos, y no hubo palabras. Sólo silencio y recuerdos.

En ese momento Fritz apretó la perilla de agua que conectaba con la flor de su ojal y un largo y prolongado chorro empapó la cara del viejo profesor, eso evitó que su nieta viera las lágrimas en su rostro y de paso le provocó una carcajada.

 Fue el mejor día vivido hasta la fecha en la vida de Fritz. Para el maestro creo que no tanto.

Bueno, yo no quiero ser un hombre rico,mamá no quiero llorar
Bueno, yo no quiero ser un hombre pobre,mamá no quiero volar
Bueno, yo no quiero ser un abogado,mamá yo no quiero mentir
Bueno, yo no quiero ser un soldado mamá, no quiero  morir   (John Lennon)

charlie rivel

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