Ser Alemán no es tan guay

By James Milton Tillman

Parece que ser alemán es guay, pero os voy a explicar por qué sólo lo parece, no lo es y de hecho nunca lo fue.

Siempre sobrevuela en la memoria colectiva una especie de creencia por la que se piensa que los alemanes son mejores que los demás, más disciplinados, más trabajadores, incluso la “raza” de rubios altos y ojos azules contribuye a una apabullante clase de superioridad. Pues bien esta supuesta superioridad es manifiestamente desmoronada en cuanto se consulta la historia. La historia es esa cosa que nos sirve para recordar quien hizo que.

De dos siglos para acá, han demostrado un desarrollo basado en la industria y la guerra con una incapacidad para convivir pacíficamente con sus vecinos, provocando numerosas contiendas que han llevado la tragedia a su propio pueblo y a los demás, y perdiendo siempre. Confirmando así un subdesarrollo socio-emocional. Los pueblos germanos no han contribuido a grandes desarrollos para la humanidad, la escritura la inventaron los sumerios, la agricultura y la vida urbana (Mesopotamia, Egipto, China) o las innumerables innovaciones chinas. El alfabeto fue un invento semítico, la fe cristiana que ha movido a la mitad del mundo fue un invento judío. El derecho tiene un origen Mesopotámico y Romano.

Cuando llegaron los pueblos germánicos a España, su aportación fue más bien escasa su único logro fue crear el primer reino hispánico independiente a partir de una división administrativa que ya los romanos habían implementado. Además de abandonar a sus dioses y adoptar, a partir de Recaredo, el cristianismo como creencia. En cuanto a los “restos” dejados por la civilización germánica no se puede comparar con otros que pasaron por aquí, como los árabes o los romanos.

Anatómicamente sus logros en el deporte no se pueden comparar con los demás, boxeo, baloncesto, atletismo, dejan mucho que desear. El intento de Hitler de demostrar la superioridad aria en las olimpiadas de Berlin en 1936, se dio de bruces con un negro llamado Jesse Owens.

En cuanto a patrones de belleza, solo hay que observar como son los modelos que actúan en las pasarelas internacionales, y quienes ganan los concursos de belleza.

En cuanto que tienen objetivos morales superiores a los demás, sólo hay que echar un vistazo a las matanzas llevadas a cabo o bien por el ejército alemán (Wehrmacht) contra civiles desarmados o el propio Ku-Klux-Klan.

Los alemanes jamás han promovido valores universales éticos, al contrario que otras culturas como la judía o la tibetana. Si alguna vez lo hicieron, siempre se basaron en postulados creados por otras razas y civilizaciones.

Establecer una excelencia a nivel colectivo es una payasada, que solo conlleva, nacionalismos, racismos y toda clase de ismos que te puedas inventar.

La genialidad hasta ahora es individual, Gandhi, Einstein, Leonardo da Vinci o Miguel Ángel no eran germanos. Si estáis interesados en qué se fundó toda la cultura alemana de finales del siglo XIX y la primera mitad del siglo XX, y os queréis reír un poco, solo debéis de leer a cerca del fenómeno Völkisch y su influencia en los germanos. Ahí os daréis cuenta de lo ridículos que pueden llegar a ser.

Por cierto Nietzsche echaba pestes de los alemanes.

Ser alemán no es tan guay, es como los demás o peor.

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