La alcaldesa y las bibliotecas

By James Milton Tillman

Hay una alcaldesa, por esta España que no deja de sorprendernos, que no ve la rentabilidad de una biblioteca. Y esto nos obliga a hacernos una reflexión profunda de este modo de pensar. Independientemente del cociente intelectual de dicha alcaldesa y de su preparación para dirigir políticamente una parte de la sociedad.

Todos vemos los avances científicos y tecnológicos. Estamos invadidos de noticias constantes del progreso en medicina, en informática, en aeronáutica. Somos capaces de poner ingenios humanos en Marte, construir telescopios espaciales, acorralar el sida, poner contra las cuerdas al cáncer, tratar de tú a tú a enfermedades que hace cincuenta años era impensable tutear. ¿ Pero qué sucede con nuestros cerebros más prestigiosos? Parece que la ciencia le tiene ganada la partida a las Humanidades. La ciencia ha sido capaz de atraer a los cocientes intelectuales más altos y ponerles a trabajar a su servicio. Sin embargo, las humanidades están en crisis. Se investiga, se plantean hipótesis, se experimenta y se realizan teorías en el método científico. Pero no se hace lo mismo en lo referente a lo social. ¿Por qué no experimentamos nuevos modelos sociales? ¿Por qué no ponemos en marcha alternativas de ciudades?. El CERN ha costado 3.000 millones de euros, y sirve para buscar el bosón de Higgs. Un portaaviones cuesta 1.300 millones de euros y sirve para obtener petróleo. El telescopio espacial Hubble 1.100 millones de euros. Yo no digo que no sea necesario invertir en todas estos experimentos, pero ¿por qué  no se hace lo mismo con nuestra sociedad? Para qué nos servirá todo esto si el mundo, nuestra forma de vivir, se viene abajo. No olvidemos mirar las estrellas, pero tampoco dejemos de hacer fuego en nuestro hogar. Sabemos CÓMO hacer cosas, pero igual de importante es saber QUÉ hacer con ellas. La ciencia nos dice cómo, las humanidades nos dicen qué.

Los cerebros científicos están al mando de la política y eso se nota en sus inversiones, en sus objetivos y prioridades. No ven más allá de lo que pueda ser rentable a corto plazo y algunos no ven la utilidad de las humanidades, ni de las bibliotecas. Y el resultado de este desequilibrio comienza a manifestarse, y es imparable si no corregimos posturas.

Mortadela o jabugo, tú eliges.

By James Milton Tillman

¿Quién puede estar en contra de la integración? Ninguna persona que tenga dos dedos de frente puede dejar de pensar que todos tenemos derechos y obligaciones, y que todos, independientemente de la condición física o psicológica, debemos de tener acceso a una sociedad de bienestar no sólo como agentes pacientes, sino como agentes activos si ese es nuestro deseo. Los españoles, y hablo por mi, tendemos a exagerar las cosas, a extrapolar los sucesos. Tenemos una forma de pensar de tipo “ que pasaría si todos hiciéramos eso”, y ese pensamiento no es nada más que una forma de intolerancia. Cuando alguien piensa que si todos fuéramos gais el mundo se terminaría, detrás no hay otra cosa más que intolerancia. Cuando alguien piensa que si todos los concejales de este país tuvieran el síndrome de Down todo se vendría abajo, detrás solo hay intolerancia. No podemos ser esclavos de las mayorías cuando se puede evitarlo. Donde todo el mundo piensa igual, nadie piensa por si mismo. La individualidad es una característica primordial en nuestra especie. Es lo que te hace ser hetero, gay, tener síndrome de Down o que te guste más la mortadela que el jamón de jabugo. El respeto hacia las minorías es fundamental para nuestra libertad. La felicidad general de un pueblo descansa en la independencia individual de sus habitantes. Y la independencia sólo se consigue a través de la tolerancia. Y la tolerancia se aprende, primero en la familia y más tarde en la escuela.

Sonríe, es gratis

 By James Milton Tillman

La gente está cabreada. Nos falta humor. Sin embargo, pedir humor cuando los problemas están constantemente tocando el timbre de tu puerta, no deja de ser cínico. Por otra parte el humor es tan necesario como el respirar, si no practicamos el humor estamos vencidos, nos han vencido los malos, los que disponen. Consiguen que perdamos el humor por problemas que nosotros no podemos resolver. En este mecanismo social tan complejo que hemos creado, la falta de recursos nos niega la posibilidad de poder cambiar la realidad general. Sólo la unión nos podría dar la fuerza necesaria para controlar la situación, pero así todo, nos faltarían líderes y personas preparadas para que el remedio no fuera peor que la enfermedad. Así que estamos atrapados. Y si estamos atrapados es mejor reirse. Desde que el mundo es mundo estamos cambiando, somos capaces de vivir en una revolución constante. Ya no es necesario cortar cabezas en la guillotina para revolver el mundo, ahora basta con que nos den un iphone. Puede que no seamos capaces de terminar con la corrupción, o con el hambre, o establecer la paz mundial, o construir un cohete para ir a Marte, pero sí podemos cambiar nuestro entorno, colaborar con nuestros vecinos, ayudarnos mutuamente, estar dispuestos a escuchar, a desprendernos, a tender una mano al que ahora lo necesita. Pero si no te apetece, si no crees en ello, si consideras que es una utopía. Al menos sonríe, no cuesta nada y se contagia.

Así que siguiendo mi consejo voy a empezar a reírme de mi mismo, espero que esta sonrisa se propague.

la foto

Pan casero, rico, rico.

Para acompañar a las anchoas de ayer, hoy vamos a elaborar pan. Advierto que crea adicción sobre todo en quién no lo cocina y sólo lo come. Si hay algo mágico en la cocina es la transformación que sufre el agua, la harina, la sal y la levadura en el horno. Vamos allá.

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Me voy al Lupa de mi barrio y allí compro dos tipos de harina, medio kilo de integral y un kilo de harina de trigo especial repostería.

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También consigo allí mismo la levadura, que son esos cubitos amarillos que están medio escondidos en la estantería junto a las natillas.

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Ya tenemos los ingredientes en casa, doy por sentado que hay sal y azúcar. Lo primero lavarse bien las manos.

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En un bol añadimos agua, un poco más de medio litro, el agua tiene que estar tibia, así el calorcito activará mejor a la levadura.

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Vertemos el agua en el bol

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Ahora añadimos una cucharada colmada de azúcar.

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Ahora echamos una cucharada de sal, esto es al gusto, cada uno puede dosificar este enemigo que es la sal y que algunos no podemos pasar de momento sin ella. Yo echo una cuchara rasa de sal, pero no abuséis.

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Para un kilo de harina que es lo que vamos a hacer, con 25 gms de levadura son suficientes, es decir, de los dos paquetitos que trae, utilizar sólo uno. El otro le podéis congelar.

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Desintegrar la levadura y revolver con el agua y el azúcar y la sal hasta que notéis que está perfectamente disuelto.

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A continuación vertemos el paquete de harina integral

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Revolvemos con una cuchara hasta que se haga una papilla.

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Ahora añadimos más o menos medio paquete de harina de trigo, unos 500 gms, a ojo.

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Seguir revolviendo y veis como va cogiendo consistencia.

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Ahora espolvoreáis algo de harina en la mesa para que al verter la masa para amasarla no se pegue.

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Ahora vertemos la masa en la mesa.

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Y ahora viene lo bueno, hay que amasar, y bien amasado, ya sabéis, el secreto está en la masa y en el amasado.

Aquí he subido un video de como teneís que amasar, al menos durante diez minutillos. La masa debe de quedar un poco más ligera que la plastilina. Si os ha quedado muy acuosa añadir harina hasta conseguir la textura deseada, y si por el contrario ha quedado muy seca, añadir un poco de agua.

17 espolvorear recipiente

Se espolvorea un poco el bol limpio para que no se pegue la masa.

18 guardar y tapar

Se mete la masa en el bol con cuidadín.

19 tapar

Y se tapa con un trapo húmedo. Dejamos la masa que fermente entre 90 y 120 minutos.

masa fermentada

Como veis, ha duplicado su volumen. Ahora sacáis la masa y la volvéis a amasar pero esta vez un par de minutos, no importa que se baje. Este paso es imprescindible, no lo saltéis, yo lo hice pasándome de listo para ahorrar tiempo y me salió un churro.

masa en bandeja

Ahora extendéis la masa directamente en la bandeja que va a ir al horno dándole más o menos la forma que refleja la foto.

tapadobandeja

A continuación la tapáis con un trapo húmedo para que no se seque, y vuelva a subir un poco. La dejáis más o menos 20 minutos. Mientras calentar el horno arriba y abajo a 175º.

cortes del pan

Cuando esté caliente, quitáis el trapo  hacéis unos cortes en cruz en la masa, no muy profundos.

en el horno

Introducís la bandeja en el horno mínimo 50 minutos, máximo 65 minutos.

final

Et Voilà, he aquí el resultado.

Anchoas caseras

En esta entrada veremos como se pueden elaborar unas deliciosas anchoas caseras.

entrada a la plaza

Primero tenemos que comprar las anchoas. Yo siempre voy a la plaza de la Esperanza, por la entrada de la calle de la Enseñanza, al lado del afilador.

La Chata

Nada más entrar está la Chata, sin duda uno de los mejores puestos de la plaza, donde te atienden con la delicadeza y la atención de quién conoce su oficio.

la chata mostrador

Aquí vemos el mostrador, que lo dice todo. Y ahí se encuentran nuestras anchoas en sal esperando por nosotros.

paquete anchoas

Nos las llevamos a casa y con cuidado, abrimos el paquete. No hace falta que preparemos todas, sólo las que vamos a comer.(Sabio consejo de la Chata).

verter anchoas

Vamos a verter las anchoas en un recipiente lo suficientemente grande como para cubrirlas de agua. Las tendremos a remojo un par de horas, con el fin de quitarles el exceso de sal que las ha llevado a ese estado. Es conveniente cambiar un par de veces el agua SIEMPRE FRÍA.

cubrir con agua

Se cubren bien con agua y ya sabéis 2 Horas, 2 cambios de agua. Si hace mucho calor mejor las guardáis en el frigorífico.

Escurridas

Una vez escurridas tienen este aspecto.

cortar cola

Ahora cortamos la cola.

recortar tripa

Luego recortamos el borde de la tripa, lo mínimo posible.

recorte espinas cabeza

Recortamos espinas en la zona de la cabeza.

estropajo corte

Cortamos un trozo de estropajo para poder trabajar mejor.

llimpiar lomos

Se limpian los lomos, en ambos lados, con cuidado, sin apretar mucho.

espina

Se separan los lomos y se retira la espina, también con mucho cuidado.

colocar

Se van colocando con paciencia, en un trapo seco y limpio. De medio kilo salen unos cincuenta lomos.

cubrir

Se cubren con otro trapo para secarlas bien.

ajo picado en laminas

Se pica ajo en láminas.

emplatar

Se van colocando en un plato y añadiendo ajo y un poco de perejil.

final

Al final se cubren con aceite y Voilá. Este es el resultado.

La próxima receta como hacer pan casero para acompañar estas delicias maravillosas.

Consejo: Hacerlo en cadena, primero todos los cortes, luego limpieza de lomos, separación de espina y secado. Ahorras tiempo.

Animaros que no es difícil y el resultado vale la pena.

La Duna del Dique de Gamazo

By James Milton Tillman

Al pasar por el Dique de Gamazo, me sucede lo mismo que a Puyi, el último emperador de China, cuando después de un reciclaje ideológico volvía a la ciudad prohibida, la que había sido su hogar durante tantos años.

Ahora están construyendo una duna de cemento en el lugar que antes fue mi casa. Ahí mismo mi abuelo junto a mi primo pescó un bacalao enorme. Poco tiempo después “cazando lagartijas” me rompí por primera vez un pie. Numerosos clavos agujerearon mis zapatillas con más o menos suerte, pasando algunas veces entre los dedos o atravesándome la planta de lado a lado.

Ahí tomábamos el sol en un antiguo refugio de la guerra, o pescábamos esquilas en la rampa. Mi abuela tenía una huerta y comíamos prácticamente todo el año de lo que plantaba. En la entrada había una higuera enorme, la más grande que yo he visto, y daba unos higos asombrosos. En la puerta ejerciendo de guarda estaba “Fonso” un hombre increíblemente amable, que había estado en América y me enseñó mis primeras palabras en inglés. En la junta de obras del puerto había otro guarda que le llamábamos “el melonero” porque en su casa plantaba melones y todos los veranos nos regalaba algunos.

Un poco más adelante se ponían “Las ferias” y el circo Atlas con los hermanos Tonetti, en un lugar que llamábamos “la fenómeno” y que sólo los más viejos recuerdan ese nombre. Mi abuela me contó que se llamaba así porque en las casas de pescadores que allí había, vivía una chica que debía de tener alguna deformidad física.

Los prácticos me sacaban en el barco y me llevaban a unas boyas, para mi gigantes, que tenían puertas y se podía uno colar adentro.

Cuando mi abuelo vaciaba el dique, se quedaban toda clase de peces y pulpos y los repartía entre la gente. Una vez se quedó un ollocantaro tan grande que le tuvieron que cocer en la misma palancana de zinc en la que me bañaban. No teníamos bañera. Mi abuela me lavaba con un guante de tela áspera y me sacaba literalmente brillo detrás de las orejas con una pastilla de jabón lagarto. Nunca olvidaré a mi abuela, pero tampoco a su guante. Mi primo que venía todos los años a pasar el verano, puesto que mis tíos eran emigrantes, pescó una esquila azul y se la llevamos al museo oceanográfico, que estaba nada más cruzar la calle, al lado de la fábrica de gas.

Donde están construyendo la duna, teníamos un gallinero, con una docena de gallinas que nos surtían de huevos todo el año. Ahí mismo en las noches de verano echábamos la caña y entraban “panchos”, “julias”, “fanecas” y lubinas. Y ahí mismo nos sentábamos con sillas que sacábamos de casa y veíamos los fuegos artificiales de la bahía.

Mi primo Fernando fue el hermano que nunca tuve y junto a él pasé la infancia perfecta, la infancia de Tom Sawyer y Huckleberry Finn en el Mississippi. Con la particularidad de que nuestro río fue la bahía de Santander, la bahía más bonita del mundo.

Muchas veces me han preguntado de donde soy, y siempre he respondido con orgullo, de Puertochico, del dique de Gamazo. Un lugar que ya sólo existe en nuestra memoria.