Séneca: Sobre la felicidad

Nuestra tertulia literaria de los viernes se ha basado esta vez en una obra de Séneca titulada, “Sobre la felicidad”. Es el tema de la felicidad, en estos tiempos, un tema candente.

Séneca fue además de filósofo, político y escritor, el tutor de uno de los emperadores más sátrapas que padeció el imperio Romano, me refiero al bueno de Nerón. Séneca fue condenado a la pena capital por tres emperadores, a saber; Calígula, Claudio y por último su propio discípulo Nerón, que fue el que consiguió su muerte.

Considerado como uno de los exponentes del pensamiento estoico, a pesar de sus ideas, fue un hombre inmensamente rico, condición que ha sido aprovechada por sus detractores para acusarle de hipocresía en tanto en cuanto en sus escritos promovía una existencia de austeridad y en su vida se rodeaba de comodidades y riqueza.

Que duda cabe que leyendo el libro, en forma de ensayo, las acusaciones quedan rebatidas en varias partes del mismo con expresiones como “No se ha condenado a la sabiduría a ser pobre” o “la riqueza no es un bien pero se ha de poseer” Aunque los primeros cristianos Tertuliano y Quintiliano se sintieron atraídos por el estoicismo, este fue silenciado durante siglos hasta que Calvino, Erasmo, Juan luis Vives o el mismísimo Montaigne lo rescataron, llegando a influenciar a filósofos como Descartes y Kant.

Todo el libro, rezuma un alegato en contra del placer, llegando a decir que “el placer debe de ir a la par de la virtud” “la virtud no se busca por el placer, sino que este se obtiene por añadidura”.

Si bien se afana en separar virtud de placer, también nos hace notar que el epicureísmo ha sido mal interpretado, que tiene mala fama, y que algunos se entregan a la sensualidad y al vicio no impulsados por Epicuro sino que esconden su corrupción en el seno de la filosofía acudiendo donde oyen hablar de placer.

Séneca no esboza ninguna fórmula de la felicidad, pero sí nos apunta unas líneas generales por las que transcurrir para que podamos ser felices.

Mantener el alma sana y en constante posesión de su salud.

Enérgica y ardiente, magnánima y paciente, adaptable a las circunstancias, cuidadosa sin angustia de su cuerpo y de lo que le pertenece, atenta a las demás cosas que le sirven para la vida, sin admirarse de ninguna.

Se inconmovible incluso contra el mal que procede del bien; de modo que, en cuanto es lícito, te hagas un dios.

¿Qué le puede faltar al que está exento de todo deseo?

Amén.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s