Ser pobre ya no es lo que era

Cuando a Gila le preguntaban <¿Cómo está tu mujer?> el siempre respondía <¿Si la comparas con quién?>

Ser pobre ya no es lo que solía ser. Hace no muchos años a un pobre se le identificaba fácilmente. Estaba en la calle, dormía en la calle y pedía por las esquinas, iba desaliñado y frecuentemente le acompañaba un perro, tenía un pantalón corroído, y en sus zapatos descosidos a menudo asomaba algún dedo. Era fácil distinguirlo. En la actualidad, el concepto de pobreza ha cambiado y se podría escribir fácilmente una tesis al respecto.

Me atrevo a decir que pronto desaparecerá el dinero físicamente, pero los pobres no, y no será extraño ver a gente mendigando por las esquinas de nuestra ciudad con alguna máquina lectora de tarjetas y un cartel que ponga “ se aceptan limosnas en Visa”, todo ello patrocinado por el banco en el que se encuentra la esquina donde pide.

Existen en la actualidad numerosos tipos de pobres:

El pobre clásico, el de toda la vida, el que sigue pidiendo por las esquinas acompañado de su equipaje y su mascota.

El pobre organizado, utilizado por una banda de delincuentes y obligado a pedir, a menudo con alguna minusvalía física, sin equipaje.

El pobre sin trabajo, que posee vivienda en precario, asiste y le ayuda alguna de las asociaciones solidarias.

El pobre con trabajo, que a su vez se divide en dos, a saber:

El pobre con trabajo (normal), que su salario apenas le da para comer y vestir dignamente, después de haber pagado sus deudas.

El pobre con trabajo (energético) que su salario apenas le da para comer, vestir dignamente, después de haber pagado sus deudas y que no le queda nada para encender la calefacción, y pasa frío. Tanto el normal como el energético se acercan mucho al concepto de esclavitud moderna.

A estos tipos de pobreza le podemos añadir el pobre social, que es quién en tiempos de bonanza frecuentaba bares, restaurantes y discotecas y que no le queda más remedio que quedarse en casa.

Estamos viviendo la auténtica Edad de Oro de la pobreza, donde su diversificación alcanza matices muy sofisticados.

No es ningún consuelo decir que la pobreza de nuestra sociedad ya la quisieran otros, ya que tener una pobreza propia con unas características tan definidas no quita dramatismo a la situación que viven muchas familias.

A veces algún amigo, tras escuchar mis sollozos y lamentos me pregunta ¿Pero tú eres pobre?

Yo, como Gila, le contesto, <¿Si me comparas con quién?>

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