El escudo de los necios

Una niña de tres años ha muerto en la Puebla de Arganzón a consecuencia de una frontera de un mapa invisible pero real.

A pesar de que en la escuela no se enseñan, existen otros mapas más importantes que los físicos y políticos donde aparecen cada uno de los países en diferentes colores, a saber; los económicos y religiosos, y estos son los que más influyen en nuestras vidas, con sus fronteras en constante movimiento, nos afectan mucho más que las tradicionales divisiones políticas y desencadenan luchas de tal magnitud que nuestras vidas se ven continuamente trastocadas. Hay fronteras cerradas que no permiten pasar a las personas del tercer mundo al primero, existe un perímetro de seguridad alrededor de nuestra civilización. Hay mapas con fronteras a la educación y al acceso libre a ella. Mapas que delimitan con claridad el acceso a los medicamentos o a una sanidad universal. La salud depende de dónde vives.

Tenemos la frontera de la malaria, del sida y del cólera. Los límites de estos mapas no se mueven, u oscilan muy poco, debido a la influencia de los económicos o religiosos, que sí se mueven. La bancocracia avanza imparable, la teocracia se instaura en países con tradición democrática como Estados Unidos de América. A todo este complejo sistema de puestos fronterizos, hay que añadir el que establecemos cada uno de nosotros, tenemos un mapa muy bien detallado de los buenos y los malos. Sabemos quiénes son los malos en nuestra ciudad y donde viven, en nuestro país, en Europa y en el mundo. Sin embargo, no somos capaces de ver los problemas que provocan esa diferencia, que obliga a la gente a moverse en busca de una vida digna, que los que ya disfrutamos de ella les negamos por acción u omisión. La peor frontera es la que uno tiene en su mente.

Pero todo esto de nada le sirve a la niña que murió de una simple varicela en el siglo XXI, por tener la mala suerte de vivir en una frontera sanitaria de origen económico.

En definitiva hemos construido una sociedad impersonal donde el “Yo no hago las normas” y el “Yo solo cumplo con mi trabajo” se ha convertido en el escudo de los necios.

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