El gordo y el flaco: Hacer lo que no quieres

  Cuando era pequeño, las aventuras del gordo y el flaco contribuyeron a que mi infancia fuera mucho más feliz. Acudía al cine Bonifaz a ver sus películas y más tarde comenzaron a retransmitirlas por la televisión las tardes de los sábados.

       Que duda cabe que estar delgado es mejor  para llevar una vida saludable, y está más que demostrado que la obesidad está íntimamente ligada a la mortalidad precoz, ya que complica la salud. El ejercicio es sin duda una de las herramientas más eficaces para evitar el peso excesivo.

       Sin embargo Oliver Hardy (el gordo) sufrió un pequeño ataque al corazón sin consecuencias graves que con prontitud los médicos achacaron a su sobrepeso, que por aquel entonces ostentaba la nada despreciable cifra de 159 Kilos.

      Oliver que amaba la vida, por consejo de los doctores y amigos, decidió ponerse a dieta y en poco tiempo logró adelgazar 64 kilos quedándose el hombre como un figurín. Esto ocurría por el año 1956. Así que de golpe y porrazo Oliver ya no era el gordo de “el gordo y el flaco” y ya nadie le reconocía por la calle, incluso sus mismos amigos  y consejeros no conseguían acostumbrarse a su nueva imagen.

      Oliver cayó en una profunda depresión y en septiembre de ese mismo año sufrió un derrame cerebral masivo. Para más desgracia le diagnosticaron un cáncer que le hizo quedarse en los huesos, apenas sobrepasaba los cincuenta kilos. Falleció en agosto de 1957.

    Su compañero “el flaco” era dos años mayor que él, vivió nueve años más y su final no fue menos trágico.

      No creo que exista relación entre adelgazar y su muerte y mucho menos con el cáncer, pero es sorprendente lo caprichosa que es la vida provocando la muerte de un hombre al hacer caso a la gente que le decía a todas horas que debía de perder peso. Lo que tengo más claro es que existe relación entre el adelgazar y la depresión, y todo estriba en obligar a alguien a hacer algo en contra de su voluntad.

     Es muy difícil mantener unos niveles de felicidad estables en el mundo que hemos construido, pero esta dificultad se acentúa cuando uno está obligado a hacer lo que no quiere.

 

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