El cilicio del juez

En una España del siglo XXI, donde el ministro del interior pertenece a la Prelatura de la Santa Cruz y Opus Dei, se concede a la Virgen María la medalla de oro al mérito policial y donde miles de personas se disponen todos los años a asaltar una verja para sacar una figura que representa a la madre de Dios, el que sea nombrado nuevo magistrado del Tribunal Supremo (D. José Luis Requero) alguien que equipara las bodas gais a la zoofilia y que aquí no pase nada, no debería sorprendernos demasiado.

Siempre nos quejamos del comportamiento de los americanos del norte, que si están armados, que si comen muchas hamburguesas, que invaden países, todo eso puede que sea cierto pero a la hora de atajar los extremismos y las expresiones fundamentalistas también son los primeros.

Los comentarios racistas, a Donald Sterling le han salido caros, le han expulsado de por vida de la NBA y además le ha caído un puro de dos millones y medio de dólares. Y eso que no tiene ningún cargo público, y sus declaraciones comparadas con las del juez parecen jaculatorias de un seminarista novato.

Al magistrado todo esto se la trae al pairo, lo tiene fácil, con que apriete un poco más el cilicio, problema resuelto.

En fin parafraseando al santo Monseñor Escrivá de Balaguer, no puedo pararme a tirar piedras a los perros que me ladran por el camino.

 

Del furúnculo de Reagan, la tecnología y la globalización, a la almorrana de Obama

     Recuerdo que a Ronald Reagan en los años ochenta, cuando era presidente de EE.UU, le operaron de un furúnculo en el culo y la bolsa española se desplomó mientras el hombre estaba en el quirófano, y que nada más salir y pasar a reanimación los inversores recogieron beneficios. Ese día me di cuenta de que el asunto de la globalización era más serio de lo que pensaba.

     Marguerite Yourcenar decía en Memorias de Adriano que a pesar de las derrotas, enfermedades, indiferencia y errores del ser humano, hay momentos en los que el caos cede y toda la amalgama de calamidades dan paso a periodos prodigiosos de felicidad y progreso en una clase de milagro por el cual todo se compensa.

     En el paso del caos al orden y viceversa, hay un período de transición, que es muy posible que sea el que estemos viviendo y uno de los factores más influyentes sin duda es el desarrollo de la tecnología.

    La tecnología nos aboca directamente a la globalización. Los medios de comunicación tanto de transporte como de información se aproximan poco a poco a la inmediatez. Las distancias no disminuyen, sin embargo los tiempos para trasladarse entre dos puntos cada vez son más cortos produciendo la sensación de cercanía. Pero la globalización se puede entender como medio de superar barreras o como una ocasión de hacer negocio.

¿Cómo gestionaremos gestionamos la globalización?

Es más que evidente que quien lo está haciendo son los mercados financieros (esa especie de monstruo sin cabeza visible del que todos formamos parte).

     Con la llegada de internet, ha habido una globalización del conocimiento. Nos ha facilitado la información de todo tipo: útil e inservible. Nos ha hecho viajar a través de nuestras pantallas a lugares en donde jamás hubiéramos soñado estar y ha sido capaz de resolver nuestras dudas más inmediatas (ejemplo: ¿cuántos años tiene Jodie Foster?). Los españoles apenas hemos descubierto la capacidad que posee para trabajar en grupo (sencillamente, en términos generales, porque no sabemos trabajar en grupo, el genio español es individual)

    La tecnología es fascinante, cautivadora, adictiva, ya se ha hecho imprescindible (la verdad es que esto siempre ha sucedido, lo que ocurre es que ahora llega a más gente) Sin embargo, hay más de tres mil millones de personas que jamás han realizado una llamada telefónica. Libros que escribieron Aldus Husley o George Orwell, por desgracia comienzan a tener sentido. No se sabe cómo va a terminar esto, parece algo imparable que va a acrecentar las diferencias ya existentes por causas económicas.

 Los beneficios que la tecnología desde hace 150 años han provocado en nuestra sociedad son incontables, en casi todas las áreas, los avances producidos por esta, han sido muy útiles. Esta frase que parece tan bonita, no es del todo cierta, no hemos sido capaces de desarrollarla adecuadamente. Con su implantación se ha causado daño a las personas y a otros seres vivos que están en este planeta junto a nosotros, hemos comprometido e hipotecado el futuro de las próximas generaciones, en la mayoría de los casos se han beneficiado solo las personas que podían pagarla, ha sido implantada a la fuerza sin posibilidad para los usuarios elegir no utilizarla, y por último, la actuación de los gobiernos en el apoyo de ella no ha sido dirigido hacia la satisfacción de las necesidades básicas e irrenunciables que proporcionen al ser humano una calidad de vida adecuada para el libre desarrollo de su persona. Las grandes empresas han convertido la tecnología en otro producto más de consumo.

     ¿Hay alguna solución?

     Es probable, como todo en la vida, que el acierto esté en el término medio, no debemos dejar de aprender a ordeñar una vaca, elaborar queso o sidra o cultivar nuestro huerto o pertenecer al grupo de bailes regionales de nuestro pueblo o barrio, y, además tener una red wifi a nuestro alcance y saber utilizarla.

    A pesar de todo esto, creo que el futuro de la humanidad se tiene que basar en el desarrollo tecnológico, debemos de utilizarlo en nuestro provecho, creando una sociedad basada en la abundancia y la única que nos puede liberar de la esclavitud del sistema monetario es la tecnología bien gestionada

    Creo firmemente que la economía debe de ser local y el conocimiento global.

     Es muy triste que a Obama le operen de almorranas y en mi barrio suba el pan (algo falla).

 

Reliquias: de Felipe II a Franco

   De todos es conocido que Franco poseía el relicario de la mano de Santa Teresa en la mini capilla que tenía dentro de su habitación. Es muy posible que con el propósito de que le protegiera, y le ayudara en la tarea de salvar España. Pero esa costumbre de guardar reliquias ya venía de lejos.

     Felipe II logró reunir a lo largo de su vida; 10 cuerpos enteros, 144 cabezas, 306 brazos y piernas, y miles de huesos de diferentes partes de la anatomía, en un total de 7.000. Cabellos de Cristo y la Virgen María, fragmentos de la auténtica cruz y la corona de espinas de Jesús.

     El 19 de abril de 1562, con 17 años de edad, el hijo de Felipe II, el príncipe Carlos, al parecer persiguiendo a una moza de buen ver por los pasillos de palacio, se resbaló y se dio un golpe tremendo en la cabeza que se le complicó con una infección, y a consecuencia del trauma entró en coma. Hay diversas versiones de lo que sucedió en los días posteriores al accidente. No se sabe con certeza si fue el Duque de Alba o bien los frailes de la corte, quienes aconsejaron al rey que el procedimiento para resolver los problemas de salud de su hijo, pasaba por introducir en su lecho el cadáver incorrupto de un beato llamado Diego de Alcalá. Felipe que además de religioso era muy práctico, no solo le metió la momia del beato en la cama, además ordenó llamar a un famoso curandero, morisco y valenciano para más señas, de nombre Pinterete, que le suministró unos ungüentos con el ánimo de curarle.

Como fuera la cosa, el principito sanó, al morisco le dieron pasaporte por celos de los otros médicos reales, entre ellos los famosos Vesalio y Chacón, y el mérito se lo atribuyeron al beato, que por recomendación de Felipe II pasó de inmediato a ser santo. Por cierto al príncipe Carlos, los galenos le trepanaron el cerebro y le dejaron peor de lo que el pobre ya estaba, en una operación dirigida por el propio Vesalio.

     Cuando Franco murió, el brazo de Santa Teresa, que en realidad es la mano izquierda, fue llevado al convento de las Carmelitas de Ronda, donde en la actualidad es venerada, y cientos de personas acuden a besarla con el fin de terminar con sus males.

Otro día contaré lo de las reliquias de Santa Teresa, no tiene desperdicio.

habitación

Capilla de Franco

brazo

Reliquia de Santa Teresa

 

Volver del infierno

     El 13 de abril de 1737, Händel se desplomó en su habitación ocasionando un ruido que alertó a su criado. Cuando  este, junto al doctor Jenkins, acudió en su auxilio encontró el cuerpo del maestro tendido en el suelo. Había sufrido un derrame cerebral. Tenía cincuenta y dos años.

Como marcaba el protocolo, el doctor le hizo una sangría y se dispuso a marcharse para su casa cuando Händel balbuceó unas palabras.

“Todo se acabó para mí”

    El doctor comprobó que su lado derecho estaba paralizado y el criado le preguntó: ¿Se curará? A lo que el galeno respondió “Si ocurre un milagro…puede que sí, quizás podamos conservar al hombre, pero al músico lo hemos perdido”.

Tras cuatro meses de convalecencia y en vista de que no experimentaba ninguna mejoría, decidieron enviarle a un balneario en Aquisgrán.

     Los médicos le advirtieron que si permanecía más de tres horas diarias en el agua caliente, moriría de un ataque al corazón. Pero el obstinado Händel hizo caso omiso de las advertencias y permaneció jornadas de nueve horas haciendo ejercicio. A la semana comenzó a andar, a los quince días ya movía el brazo. Al poco se hizo dueño de su cuerpo recuperando toda la movilidad. El último día en el balneario, aunque nunca había sido demasiado religioso, se detuvo en una iglesia y se acercó al órgano. Con cierta prudencia situó su brazo derecho encima de las teclas y el milagro se produjo. El músico también había regresado.

     Cuando se encontró de nuevo con el doctor Jenkins en Londres, le dijo: “He vuelto del infierno”.

     Con fuerzas renovadas, compuso una ópera y otra y otra más. Los grandes oratorios Saúl, Israel en Egipto y el Allegro e Pensieroso.

     Tras un período de fertilidad compositora aparece una crisis económica que le deja en la bancarrota. Le acosan los acreedores, se mofan los críticos y el público le olvida. Entra en una depresión que le hace añorar los tiempos del balneario cuando estaba inmovilizado. Tiene que regresar de noche a su casa porque los fiadores le esperan en la puerta.

     Una noche cuando regresó a su habitación se encontró con una carta del escritor Jennens, el mismo que había escrito Saúl e Israel en Egipto, en la que le proponía que compusiera la música para un nuevo poema que había creado. Händel furioso lo tiró al suelo y lo pisoteó. Su inspiración estaba acabada, Dios le había abandonado. ¿Por qué se burlaban de él? Esa misma noche sin poder dormir, se levantó y recogió del suelo el libreto, en la primera página leyó El Mesías. La primera palabra decía Consolaos. De pronto un rayo de inspiración divina le fulminó y la creación artística retornó a su persona, durante tres semanas  se sucedieron las notas, y fueron apareciendo el Gloria a Dios, el Aleluya y el Amén. Cuando terminó cayó en un profundo sueño que duró treinta y seis horas. Al despertar pidió un jamón de Yorkshire y cuatro pintas de cerveza.

     El 7 de abril de 1742, se estrenó El Mesías, todas las personas que estaban presentes, abrumadas por el poder de la música, se abrazaron temerosas las unas a las otras. En el momento que comenzó a sonar el Aleluya todos se pusieron de pie. Esas notas sólo podían venir de Dios.

Händel jamás cobró por su composición. No podía hacerlo, El Mesías le había devuelto a la vida.

Hasta el final de sus días nunca más temió al infortunio.

http://iesemperadorcarlos.centros.educa.jcyl.es/sitio/upload/Ej_Trab_Pendientes_Haendel.pdf

El Centro Botín y Robert Redford

Nadie en su sano juicio puede criticar un regalo, y mucho menos cuando estás obligado a aceptarlo. Quién, en los tiempos que corren, se podría oponer a la construcción de un centro como el que Botín está realizando en el ombligo de Santander. En cuanto alguien alza la voz con una mínima censura, sobran los argumentos para aplastarle sin ninguna consideración y tratarle como un paria apestado, loco e ingrato, que no sabe ver la realidad de nuestra situación económica y los parabienes de una edificación y un centro cultural como el que el banquero nos ha obsequiado. El ser humano tiende a disentir, el español en concreto a discutir por todo. Ha habido voces discrepantes sobre la situación poco apropiada o muy apropiada de su ubicación, algunos han llegado a criticar la sombra que proyectará sobre los jardines de Pereda, otros están en contra del edificio pues lo consideran un despropósito arquitectónico desentonado con la línea constructiva del paseo Pereda, banco de España, Correos y que terminará siendo una aberración como la que el señor Oiza diseñó con el Palacio de Festivales. La mayoría ve el edificio como puntero y vanguardista aunque otros ya le comparan con un ovni caído del cielo. La implacable física ha mostrado la imposibilidad de hacerlo invisible a pesar de los esfuerzos del diseñador y el dinero.

     Como vemos, argumentos no faltan para estar en contra o a favor, ahora bien es un regalo, y un regalo hay que aceptarlo, sobre todo cuando tiene esas características.

     Yo estoy a favor de la cultura, su mecenazgo, su difusión y su divulgación en todas las escalas sociales. Y líbreme Dios de oponerme a la construcción de esta magna obra que estoy seguro disfrutaré como el que más.

    Ahora bien, todo esto me recuerda a la película una proposición indecente, en la que el protagonista, un Robert Redford cincuentón forrado de pasta, se encapricha con la mujer de otro y le ofrece tal cantidad de dinero que hasta el marido sucumbe. Hay un poso de vasallaje en todo el proyecto. Recordemos que la Torre de Mordor luce al otro lado de la bahía con su llama roja.

     Quien lo intente comparar con el centro Georges Pompidou, también del afamado Renzo Piano, se equivocará, no tiene parangón.

      Espero que el alma del Centro Botín, que es la fundación Botín con su equipo directivo, sepa contribuir con la suficiente sensatez y proyectos adecuados a un edificio en el que todos hemos aportado algo. Dinero hay mucho, bahía de Santander solo una, y es de los ciudadanos.

 

El español disecado

Al parecer en la localidad francesa de Montbrison, hay un museo denominado D´Allard en honor a su fundador, un ilustre acaudalado de la época llamado Jean-Baptiste d´Allard. Este, a principios del siglo XIX, decidió construirse un palacete en su pueblo y contrató a un español que pasaba por allí, probablemente como resultado de las guerras napoleónicas. El español aceptó encantado y rápidamente se subió al andamio, con tan mala suerte que se cayó y se quedó muerto. El francés, con eso de que África empezaba en los Pirineos, decidió encargar a un famoso taxidermista parisino la labor de disecarle para unirlo a su colección de cosas curiosas para mostrar a sus visitas (osos, jirafas, leones, etc…).( Lo que no sabemos es si envió el cadáver a Paris o se trasladó el operario a Montbrison). Y así pasaron los años y el españolito ha permanecido expuesto hasta hace bien poco como una curiosidad prototípica de etnia hispánica.

Ahora bien ¿cómo han llegado a la conclusión los franceses de que el buen hombre es español? Todos sabemos que la policía francesa es del tipo “aquí hay colillas, han fumado” Pues bien, observando la fotografía del finado obtienen claramente que es español por los siguientes puntos:

1º Se parece a Torrente con toques de José Luis López Vázquez.

2º No sabe hacerse el nudo de la corbata (esta es una prueba casi contundente, todo buen español hace el nudo de la corbata de su cuñado pero no el suyo)

3º Tiene manchas de comida en la camisa.

4º No se lava los dientes.

5º Tiene bigote, es bajito y usa chaqueta de pana.

6º Definitivamente es español porque somos los únicos seres capaces de dormirnos con los ojos abiertos.

Queda por conocer el destino de este buen hombre que ha mostrado durante siglo y medio las cualidades de nuestra raza con dignidad insepulta. Lo que no se sabe muy bien es porqué no le han repatriado y enterrado, si debido a que no es negro o a que no encuentran a la Madre Patria. En fin c´est la vie que dicen los franceses.

El compatriota