Los niños y las creencias

El obispo de Alcalá de Henares Reig Pla ha propuesto a sus feligreses, que los cristianos deben de emprender una batalla cultural  para, entre otras muchas cosas, se afirme el derecho de los niños a ser educados según sus creencias. A simple vista parece un propósito muy loable y legítimo, pero si se piensa un poco sobre el tema la cosa cambia.

Primero, la frase es bastante desafortunada, ya que los niños no tienen creencias, son los padres quienes las poseen. Si tomamos como definición válida de creencia el crédito que se presta a un hecho o noticia como seguros o ciertos para lo que no se requiere ningún fundamento racional o justificación empírica, los padres lo mismo que creen en Jesucristo y la Virgen María, pueden creer en un dios todopoderoso llamado el Pato Lucas y su hijo Porky, ¿quién se lo impide?

Segundo, no quiero meterme en terrenos pantanosos, hablar de creencias católicas es como atravesar un campo de ortigas en bañador e intentar salir indemne. Pero podemos hablar de otras que no son católicas.

Los Testigos de Jehová, según Plá, tienen el derecho de educar a sus hijos en esa absurda concepción de la vida basada en la interpretación literal de la Biblia. O los mormones que veneran a Joseph Smith a quien se le apareció conjuntamente  Dios y Jesucristo, y el ángel Moroni le proporcionó unas tablillas escritas en “egipcio antiguo”, por lo que creen que hay tres diferentes niveles de reinos en la vida venidera: El Reino Celestial, el Reino Terrenal, el Reino Telestial, y las tinieblas exteriores, donde la raza humana terminará, dependiendo de su comportamiento en la vida y que  cualquier ser humano puede convertirse en Dios y tener su propio planeta.

O al profeta Mahoma  a quien se le apareció el arcángel San Gabriel le abrió el pecho, le extrajo el corazón y le extirpó un coágulo donde residía Satán y luego se lo volvió a colocar.

Todas estas creencias hacen pensar a los individuos que se las creen que son las acertadas y además son excluyentes, es decir o estás con ellos o no te salvas. Así que los padres ejerciendo de buenos cuidadores intentan salvar a sus hijos de la condenación eterna.

Podríamos continuar con una lista interminable de creencias de padres con buena voluntad que, según el obispo, deberían de poder transmitir sus creencias a sus hijos y continuar alimentando la cadena de despropósitos hasta el infinito y más allá.

Tercero y último, las preguntas que debemos hacer son las siguientes ¿No deberíamos proteger a los niños de las creencias de sus padres hasta que ellos fueran mayores y pudieran elegir en libertad? ¿Tenemos que permitir que los niños, personas vulnerables, asuman las psicosis de sus progenitores?

Conclusión, cuando hablamos de los derechos de los niños a ser educados en sus creencias, se nos encienden las alarmas si esas creencias no son las que nosotros hemos recibido, sin darnos cuenta de que las nuestras pueden ser tan perjudiciales como las de los demás. La sociedad del futuro debe de relegar la religión a una actitud libre, voluntaria y privada y las religiones deben de olvidarse de los niños hasta que dejen de serlo. Los niños son el futuro, no se tocan ni física ni se les programa mentalmente. He dicho.

 

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