La cena de los… políticos.

Estamos saturados de información y esta nos llega por todas partes. Si queremos resolver un problema no debemos de utilizar todos los datos, es necesario saber cuales van a ser útiles y desechar los que no son importantes. Si no ignoramos lo irrelevante es muy probable que no actuemos de la forma más conveniente posible. Hay que tener en cuenta que no todos los problemas tienen remedio, llegar a esta conclusión te puede ahorrar sufrimiento y sobre todo un desgaste físico y psicológico inútil.

Tomar una buena decisión dependerá de los resultados que pretendas obtener. Los parámetros son infinitos y los condicionantes también.

Tomar una decisión acertada lo puede hacer cualquiera. Para razonar no hace falta tener un título universitario. Puedes haber leído dos o tres buenos libros sobre natación, saber toda la teoría, comprender el comportamiento de los fluidos y su pauta hidrodinámica, lanzarte al agua y ahogarte. Y también puedes ser un excelente nadador y no saber leer.

Con el razonamiento, que es la base de la toma de decisiones, sucede lo mismo.

Mucha gente asume que el razonamiento y la obligación de tomar decisiones debe de recaer en la gente estudiada y que muchas personas  no tienen capacidad para hacerlo. Y se equivocan.

Es que en España vota cualquiera. Esta frase la he oído muchas veces. Hablar de la calidad del voto es sectario y extremista. Afortunadamente no vivimos en los tiempos de Los Santos inocentes de Camus, y la educación nos permite a la hora de votar (siempre que haya ganas) averiguar sobre los candidatos que se presentan a cualquiera de las elecciones que tenemos a la vista, y no decidir por su aspecto, o por sus posiciones demagógicas, sino por la actitud que adoptará en temas importantes para uno mismo y la inmediata sociedad que nos rodea.

Para acertar no hace falta conocimientos especializados ni universitarios, o algún master en algo, simplemente capacidad de observación, instrucción básica, compromiso y responsabilidad.

Un candidato es como una mascota, no puedes llevarte a casa al primer cachorro que te lama la mano, con el paso del tiempo ese tierno gesto se puede convertir en el rugido de un león, dentro de tu casa. Y créeme, será demasiado tarde. Te convertirás en su cena. Serás la cena de los políticos.

PD: Listas abiertas ¡Ya!

 

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