Si te entierran, llévate el móvil.

Nuestra vida biológica depende de la nutrición y otras funciones fisiológicas fundamentales y es más o menos fácil, en la actualidad, determinar su muerte, pero hasta hace bien poco no lo era, solo hay que recordar los numerosos ataúdes que al abrirlos para proceder a su exhumación han aparecido con arañazos en su tapa, ocasionados por el propio muerto que no lo estaba tanto. Por este motivo, están proliferando en las voluntades de los finados, que sean enterrados con sus teléfonos móviles y la batería bien cargada, por si acaso el médico de guardia no hizo su trabajo con la diligencia que requería la situación. Tal vez de ahí viene la costumbre de velar a los muertos, para cerciorarse de que en realidad lo están. Ya en el año 1897 el conde ruso, Karnice-Karnicki, patentó un sistema que abría un conducto de aire si detectaba algún movimiento en el ataúd después de ser inhumado, además se accionaba un banderín y una campana que advertía al sepulturero de guardia de la existencia de vida. Tuvo bastante éxito, que le duró muy poco, pues el sistema era tan sensible que no aguantaba ni el movimiento que producía la propia descomposición del cadáver. Así que los banderines y las campanas comenzaban a sonar a los pocos días del enterramiento, lo que provocaron situaciones tragicómicas.

 

 

karnice

Dispositivo de Karnice

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