El Centro Botín y Robert Redford

Nadie en su sano juicio puede criticar un regalo, y mucho menos cuando estás obligado a aceptarlo. Quién, en los tiempos que corren, se podría oponer a la construcción de un centro como el que Botín está realizando en el ombligo de Santander. En cuanto alguien alza la voz con una mínima censura, sobran los argumentos para aplastarle sin ninguna consideración y tratarle como un paria apestado, loco e ingrato, que no sabe ver la realidad de nuestra situación económica y los parabienes de una edificación y un centro cultural como el que el banquero nos ha obsequiado. El ser humano tiende a disentir, el español en concreto a discutir por todo. Ha habido voces discrepantes sobre la situación poco apropiada o muy apropiada de su ubicación, algunos han llegado a criticar la sombra que proyectará sobre los jardines de Pereda, otros están en contra del edificio pues lo consideran un despropósito arquitectónico desentonado con la línea constructiva del paseo Pereda, banco de España, Correos y que terminará siendo una aberración como la que el señor Oiza diseñó con el Palacio de Festivales. La mayoría ve el edificio como puntero y vanguardista aunque otros ya le comparan con un ovni caído del cielo. La implacable física ha mostrado la imposibilidad de hacerlo invisible a pesar de los esfuerzos del diseñador y el dinero.

     Como vemos, argumentos no faltan para estar en contra o a favor, ahora bien es un regalo, y un regalo hay que aceptarlo, sobre todo cuando tiene esas características.

     Yo estoy a favor de la cultura, su mecenazgo, su difusión y su divulgación en todas las escalas sociales. Y líbreme Dios de oponerme a la construcción de esta magna obra que estoy seguro disfrutaré como el que más.

    Ahora bien, todo esto me recuerda a la película una proposición indecente, en la que el protagonista, un Robert Redford cincuentón forrado de pasta, se encapricha con la mujer de otro y le ofrece tal cantidad de dinero que hasta el marido sucumbe. Hay un poso de vasallaje en todo el proyecto. Recordemos que la Torre de Mordor luce al otro lado de la bahía con su llama roja.

     Quien lo intente comparar con el centro Georges Pompidou, también del afamado Renzo Piano, se equivocará, no tiene parangón.

      Espero que el alma del Centro Botín, que es la fundación Botín con su equipo directivo, sepa contribuir con la suficiente sensatez y proyectos adecuados a un edificio en el que todos hemos aportado algo. Dinero hay mucho, bahía de Santander solo una, y es de los ciudadanos.

 

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