Pujol, los legionarios de Cristo y el travesti.

Jordi Pujol acaba de confesar públicamente que durante años ha mantenido cuentas en el extranjero con una cantidad de dinero desconocida que solo la investigación aclarará en parte. Hemos de suponer que ha de ser cuantiosa, ya que los negocios que posee la familia allende los mares nos incita a pensar que el desfalco ha sido de una magnitud desproporcionada. Solo debemos de recordar lo que fue capaz de agenciarse Bárcenas en media docena de años sentado en la poltrona del tesoro del partido popular y  con una simple regla de tres calcular a grosso modo lo que habrá podido trincar Jordi tras 23 años en el poder absoluto catalán y en plena efervescencia inversora de Europa.

Las mentes malpensantes asocian al espíritu independentista del President una intención oculta por la que una futura Cataluña le convendría que fuera un estado soberano que le taparía todas las perrerías que ha cometido durante años a costa de los españoles.

Todo ese empeño ha creado una especie de secta apoyada en un odio a todo lo español (España nos roba), en la que sus miembros hacen gala de un fervor y seguimiento solo comparable a los Legionarios de Cristo. Recordemos que los legionarios tuvieron a un fundador llamado Marcial Maciel Degollado que de existir el infierno estará pudriendose hasta el fin de los tiempos en él. Pero eso no quita que aunque su fundador haya sido encontrado culpable de infinidad de delitos de todo tipo, la secta continúe. Y al igual que los legionarios de Cristo el movimiento independentista Catalán, cuyo adalid sin parangón ha sido Jordi Pujol, proseguirá como si no hubiera pasado nada.(Ya lo ha dicho Mas: “Es un asunto privado”)

Contaba un paisano que fue a los Madriles por primera vez con el bolsillo lleno de billetes después de haber vendido una vaca, que se encontró con una mujer despampanante en la noche madrileña, y tras gastarse la mitad de su dinero en una cena opípara y la otra mitad en numerosas botellas de champagne descubrió que lo que la mujer tenía entre las piernas no era el túnel de la Engaña sino más bien el Pan de Azúcar brasileño y al ser preguntado por su interlocutor ¿Qué hiciste? el paisano contestó, “hombre después de lo gastau, que voy hacer…”

Pues eso, que los catalanes p´alante, después de lo gastau…que van a hacer.

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