Otra discriminación, el Palacio de la Magdalena de nuevo. Ciudadanos de segunda.

Hace un tiempo fue tristemente noticia la discriminación que se hacía en el Palacio de la Magdalena al impedir el acceso con el automóvil a una persona acreditada con discapacidad, poniendo de manifiesto no solamente la poca sensibilidad hacia este colectivo, sino también el desconocimiento absoluto de la ley.

Pero hete aquí que me he llevado una gran sorpresa cuando, en un proyecto admirable por parte de la concejalía de Turismo de Santander, se ha puesto en marcha una iniciativa por la que los turistas que vengan a Santander a través de un hotel, podrán solicitar un servicio de desayuno en el Palacio de la Magdalena. Verdaderamente se me caían las lágrimas de orgullo y satisfacción. Pero apenas había llegado la primera lágrima a la comisura de los labios y continué leyendo la noticia, descubrí que solo los turistas que se alojen en un hotel de tres, cuatro o cinco estrellas, tienen derecho a tal servicio.

¿Cual es la justificación? Por qué alguien que venga a un hostal o a un apartamento turístico, debidamente reglamentado y que paga sus impuestos no puede tener dicho servicio. Seguimos teniendo ciudadanos de primera y de segunda. Señor alcalde, con todos mis respetos, o jugamos todos o rompemos la baraja. El palacio es de todos, no se le olvide.

¡Hemos ganado las elecciones!

Hay momentos en los que ganar las elecciones es como si te conviertes en el heredero universal del “Pufis”, tiendes a celebrarlo pero en cuanto abren el testamento, como diría el pasiego “se te caen las lágrimas“. Gobernar no es fácil, quiero decir gobernar bien, entendiendo por bien el que al final de la legislatura todos los ciudadanos (o al menos una mayoría significativa) hayan visto mejorar sus vidas en todos los aspectos. Y que no es tarea fácil basta comprobarlo con el antes y el después de las fotos de quienes han llegado al poder. En el bar todos somos buenos alcaldes, hasta que nos nombran. No creo en los salvadores de patrias, la historia me susurra al oído que poco bien trajeron al conjunto de los ciudadanos. Tampoco creo en las revoluciones cortacuellos ni en nada que se pueda construir sobre ellas. La esperanza, según mi parecer, está en los individuos. La revolución debe de ser personal, con independencia de las creencias políticas. Un hombre/mujer honesto/a debe de ser la piedra sobre la que edificar, luego, el talento y la capacidad de aunar voluntades, nos llevarán hacia el bien común.

El gobernante no es libre de actuar. Lo que nosotros pensamos que se debería de hacer en política se puede comparar a una operación de cirugía neuronal, si quitas algo de aquí, no funcionará lo de allí. Emponderar a la ciudadanía es un arma de doble filo, suena muy bien, pero me temo que un exceso de poder al ciudadano no servirá más que para no poder echarle la culpa a nadie cuando las cosas salgan mal, en definitiva repartir la responsabilidad de lo mal hecho. Hay gobernantes malos, y hay grupos de ciudadanos que gobiernan mal. La figura del líder, que surge irremediablemente en cuanto se juntan más de dos individuos, anula el empoderamiento popular y lo dirige hacia su persona.

Me temo que solo queda resignarse a que aparezca una generación de buenos políticos que gestionen esto de la cosa pública de una forma adecuada. Pero mientras esto ocurre todos gritan ¡hemos ganado las elecciones!

Ahora toca gobernar……………………………………………..bien.