Escritores en ciernes

Desde hace unos pocos años, han aparecido en nuestra tierra escritores noveles y han publicado, algunos con el respaldo de una editorial y otros con autoedición, numerosas novelas, ensayos y libros de poesía con mayor o menor fortuna en su aceptación popular, lo cual, como diría el rey Campechano I “me llena de orgullo y satisfacción”.

Sería impropio, a la par que soez, dar nombres de quienes su osadía es mayor que su talento y son a estos a quienes aconsejo que acudan a alguno de los talleres de escritura que son impartidos durante todo el año en nuestra ciudad. Asistencia por otro lado que no garantiza el éxito pero donde al menos te indican lo que no se debe de hacer al afrontar una hoja en blanco.

Con esto no quiero que nadie caiga en el desánimo, y que si realmente quieren escribir que lo hagan, pero que sepan que escribir es un oficio que requiere conocimiento, esfuerzo, disciplina y dedicación.

Bastantes de las editoriales que han publicado a estos escritores bisoños no se han dignado a leer las obras que editaban, deducción que obtengo al hojear algunas páginas y localizar faltas de ortografía que harían removerse en su tumba al mismísimo Antonio de Nebrija.

Escribir es razonar, no es coger una pluma y garabatear lo primero que le viene a uno a la cabeza (a no ser que seas discípulo de Hugo Ball). Es una forma poderosa de comunicación. Antes de comenzar a embadurnar un folio hay que tener las ideas claras y saber donde se quiere llegar. No es lo mismo escribir un resumen que una reseña, elaborar una exposición es muy diferente a un texto argumentativo.

Ortografía y Gramática son fundamentales. Un vocabulario rico ayudará a expresar mejor las ideas que quieres transmitir. Por eso es necesario leer antes de escribir y tener un buen diccionario al lado para consultar lo que ignoras. La puntuación es fundamental y la mayoría no le otorga la relevancia que realmente posee. Repasar una y otra vez el texto es una técnica que te ayudará a corregir de una manera acertada. No es lo mismo pensar que decir y escribir. Por último leer el texto en voz alta es “la prueba del algodón”. Evita las repeticiones e intenta ser coherente con las ideas que planteas. En serio, los lectores te lo agradeceremos.

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