Envejecer

Envejecer es una putada, me explico:

Si no lo haces, significa que estás muerto, que no existes o lo que es lo mismo que ya no pintas nada, así que empezamos con un agradecimiento a todo lo malo que está por venir, y si lo haces (envejecer) atente a las consecuencias. El listado de estas consecuencias puede ser interminable (en la mayoría de los casos) manías, rarezas, dolores, enfermedades, tratamientos vitalicios, intervenciones, roturas de huesos, pérdida de memoria,  pérdida de orina, pérdida de pelo, pérdida de la cartera, depresiones, abandono, arrugamiento general, bultos, invisibilidad hacia los demás, dietas, nada de sal en las comidas, odio a los espejos y un largo etcétera que sería imposible enunciarlo. Todo esto es medianamente llevadero si has tenido la suerte de nacer en una sociedad como la nuestra, pero se complica casi elevándolo al cuadrado en otros países donde la miseria es el pan de cada día.

Siempre hay quien dice que puede que sea viejo por fuera pero el espíritu se mantiene joven. Para los no creyentes, el espíritu es como el software de un ordenador, esa programación que hace que el hardware (cuerpo) funcione. Y aquí viene una mala noticia, el software acaba siendo obsoleto, no funciona para ciertas aplicaciones y hace falta actualizarlo, lo cual no todo el mundo está en disposición de llevar a cabo por mucho que lo faciliten. Es más sin ir muy lejos mi teléfono últimamente cada vez que conecto el whatsapp me dice que ya no podré actualizarlo, que dejará de funcionar sí o sí el uno de enero y no me quedará más remedio que cambiarlo. Por ahora cambiar de cuerpo para poder actualizar el alma es imposible. Habrá que esperar. Lo dicho, envejecer es una putada, lo mires por donde lo mires.

Orientar a los orientadores

Ahora que en las escuelas se intenta adoctrinar a los chavales con asignaturas que hablan de la conciencia de género y masculinidades, pacto entre civilizaciones, trabajo en grupo sin forzar la máquina, que se espera a que las musas insuflen la creatividad en los mononeuronales cerebros de nuestros chicos adormecidos por el uso inadecuado de la tecnología en detrimento del estudio de la filosofía (que no sirve para nada) o el latín (que es una lengua muerta) la poesía (que es cursi) o la literatura clásica (muy aburrida).

Ahora que preguntas a algún chaval quién era Velazquez y según donde viva te puede contestar que o bien un banderillero de Camas, un aizkolari maketo de Eibar o un delantero del Toluca.

Ahora que lo ecológico está de moda, que los transgénicos nos van a matar, que el avecrem es el enemigo silencioso, que el azúcar es más venenoso que la cicuta de Sócrates, que antes de ofrecer un chupachups a un niño tienes que escribir una instancia a los padres solicitando su permiso o te enfrentas a una demanda por atentado diabético.

Pues bien Ahora, hay una figura en la escuela que se llama orientador, que no es otra cosa que un profesor (o profesora) avezado(a) con olfato profesional capaz de descubrir los talentos ocultos de sus alumnos e indicarles el camino hacia su verdadera vocación, lo que de seguir sus consejos les hará ser más felices y tener una vida plena de satisfacciones.

Pues bien, sin dar nombres (ni de colegio ni de alumna) una joven amiga mía, que se ha tirado estudiando la carrera de baile español durante once años de su vida y que al llegar a los diecisiete ya había terminado e incluso la han contratado para dar clases en una escuela, que su vida es la danza, que no ha parado de esforzarse, trabajar a diario, estudiar al mismo tiempo, examinarse, crear coreografías, actuaciones en los mejores teatros de Cantabria, sudor, esguinces y lágrimas (sus amigos de fiesta y ella en la barra no precisamente de un bar), hete aquí que ha sido llamada por la orientadora de su clase (está haciendo un módulo-puente de estética para poder estudiar psicología) y con todos sus santos cojones (permítaseme la expresión mal sonante) le dice que tiene que dejar la danza y dedicarse a la estética. Eso es olfato profesional.

Me imagino a Steve Jobs o a Bill Gates, salvando las distancias, en manos de esta orientadora, el primero se hubiera dedicado a embotar mermelada de manzana y el segundo trabajaría en Mercadona en la sección de cremas hidratantes.

En fin, la pregunta es quién orientó a esta señora para que fuera orientadora, entramos en bucle. Que Dios nos coja confesados.