El general japonés

By James Milton Tillman

El general japonés vivía con sus tres hijos. Para implementar la férrea disciplina que suministraba a su familia, había contratado a un chino. De esta manera cada vez que se veía obligado a castigar a uno de sus hijos, quien ejecutaba el castigo era el chino, de esta forma su educación era doble, la de moldear la voluntad de sus vástagos y la de inculcar odio hacia un enemigo histórico, China.

Cuando se desató la guerra entre Japón y China en 1937, movilizaron a su hijo mayor y le llevaron al frente, a la trinchera de primera línea. Tras años de recibir estacazos del instructor chino, todo su odio le dejó paralizado, no se podía mover, ni siquiera tuvo el valor para apretar el gatillo de su fusil, atrofiado por el temor, allí dejó su vida.

Al general le enviaron una carta de condolencia.

Pronto se vio movilizado su segundo hijo, y al igual que su hermano mayor, se ofreció voluntario en las misiones más arriesgadas, vadeando los agujeros de los obuses enemigos y trasegando hombres de trinchera en trinchera, con el único propósito de acabar de una vez por todas con un enemigo que había estado presente a lo largo de su vida. Al poco murió.

Al general le enviaron una carta de condolencia.

El más pequeño, pronto se vio en la trinchera donde sus dos hermanos habían dejado su vida, esperando tener la oportunidad de vengar no solo su muerte, también toda una vida de sufrimientos. Una noche, observando la luna por encima de las alambradas, aparcó el odio que le nublaba el entendimiento y se dio cuenta de que quien daba las ordenes de castigo era su propio padre.  Al poco Japón se rindió.

Al general le enviaron una carta de condolencia.

Años después el hijo pequeño se encontró de nuevo con su padre.

– Hijo mío durante todos estos años pensé que habías muerto con honor en el campo de batalla. Ahora mi corazón está alegre por tu regreso.

– Padre, gracias a todo lo que me enseñaste salvé mi vida, me di cuenta de que toda mi existencia no era sino el fracaso de la tuya, recordé cada uno de los golpes que ordenaste contra mi y mis hermanos, deserté, abandoné y ahora estoy vivo. Solo he venido a decirte, que tengo una familia, y un mundo nuevo, donde tus antiguas leyes no sirven y que jamás conocerás. No hay honor en la muerte.

Su padre afligido terminó sus días en soledad. Al poco murió.

Al hijo le enviaron una carta de condolencia. Ni siquiera la abrió, la tiró a la basura.

trinchera japonesa

El futuro de la Marihuana

Estaba yo escuchando unas declaraciones de un famoso economista, Santiago Niño Becerra, que hasta ahora todo lo que ha ido soltando en sus conferencias e intervenciones en la televisión ha sido muy acertado. Decía este señor que la sociedad, tal y como la conocemos, que nos vayamos olvidando de ella. Que un 15% de la masa laboral será muy útil y muy productiva y muy bien remunerada, que un 30% estará contratada a tiempo parcial (como esclavos necesarios) y que el resto, un 55% los lunes al sol. Y que lo mejor que puede pasar es que legalicen la marihuana para que ese 55% esté tranquilito, bebiendo algún líquido barato que coloque y consumiendo algún tipo de ocio que también sea barato (es muy posible que sea el fútbol). Algunos pueden pensar que ya está bien de ser agorero y que la bola de cristal que lee el futuro no existe. Que lo que dice este señor es producto de una personalidad pesimista y con ansia de  sobresalir en los medios. El futuro no se puede predecir.

¿Cómo que el futuro no se puede predecir?

 Hablaremos de futuro en términos de hechos.

Si tiramos cinco toneladas de sal en una huerta de 25 metros cuadrados se puede predecir que en el futuro no habrá ninguna planta en ese lugar. Así que determinados actos que lleve a cabo en el presente sin duda afectarán al futuro. Es este tipo de razonamiento el que se utiliza para hipotecar el futuro personal.

No hay que confundir futuro con consecuencias. Las consecuencias son los hechos o acontecimientos que suceden como correspondencia de otros realizados previamente, y estas consecuencias se pueden conocer en base a información, así que son predecibles en cierta medida y algunos individuos debidamente cualificados pueden a través de indicios, observaciones y estadísticas, formar un juicio sobre lo que va a acaecer, pero solo como consecuencia. En consecuencias se basa la medicina con la aplicación de la farmacología, las ciencias políticas, la psicología y tantas otras disciplinas y saberes, y también como no, las pseudociencias, en donde ciertos individuos con capacidades especiales (desarrollo de apofenia creativa, pareidolia, etc.) son capaces mediante la información y la observación de convertir las consecuencias en predicciones de futuro y convencer al pobre crédulo que tiene delante, de cualquier cosa que se le ocurra.

Si te duele la cabeza y un médico te receta una aspirina, este sabe que dentro de media hora no tendrás dolor de cabeza, no es que adivine el futuro sino que sabe las consecuencias de la ingesta de una aspirina. Pero si alguien es capaz de convencerte de la consecuencia sin que esta se llegue a producir y solo haya premisas, se convierte en un auténtico manipulador de tu vida y pondrá en peligro tu mente y lo que es más habitual, tu cartera.

Sabiendo las consecuencias que determinados actos tienen en un futuro próximo, parece lógico pensar que con un buen sistema de información basado en tecnología gestionada por los ordenadores deberíamos de ser capaces de predecir el futuro en cuanto a comportamientos generales. Es decir saber exactamente qué ocurrirá con el desarrollo de la población o con la implantación de un determinado sistema de producción, cuánto durará un sistema político de un país o lo que consumirán mil millones de habitantes. Sin embargo la falta de precisión de la información junto a la complejidad de los sistemas que serían objeto de estudio, debido a sus respuestas tan cambiantes basadas en la voluntad humana, la cual ahora se comporta de una forma y al minuto cambia de opinión, hacen difícil la tarea de predecir el futuro con exactitud. Por otra parte hace cincuenta años era impensable que la predicción del clima fuera tan precisa como la que ahora somos capaces de obtener. Sin duda una nueva ciencia basada en las posibilidades tecnológicas será desarrollada, donde los sistemas sean diseccionados y simplificados con el fin de obtener resultados certeros y posteriormente combinarlos a un nivel superior para detectar los comportamientos que se van a producir. En una sociedad posible donde los seres humanos sean educados en libertad me parece además de inevitable, adecuada. Pero ¿hasta dónde condicionará el comportamiento humano el saber lo que va a ocurrir? Huele a paradoja. Si los malos utilizan la información, la esclavitud es imparable. Parece que vienen buenos tiempos para la Marihuana.

A través de la fe (en el dinero) se llega al Paraíso (fiscal) (III)

By James Milton Tillman

Ahora que está tan de moda la globalización, vamos a hacer lo propio con nuestras deducciones y vamos a pensar globalmente.

Existen indicios razonables, como hemos visto hasta ahora, de que el dinero no representa la riqueza que hemos generado, y que mucha parte de él sobra (a ver quién es el guapo que lo destruye). Del mismo modo podemos pensar que el dinero que hay en los paraísos fiscales, no está físicamente representado, primero porque solo un 3 % del dinero que existe en el mundo está impreso y segundo porque llevar a una isla 20 billones de euros o dólares es harto complicado, y muy arriesgado. Si el paraíso está en Suiza, Mónaco o el Vaticano, podría ser factible (y de hecho lo es). Así que el dinero de los paraísos fiscales está en los discos duros de los ordenadores, en forma de de ceros y unos. Entonces, ¿cómo ha llegado allí? La respuesta es aterradoramente sencilla, desde nuestro sistema financiero, desde nuestros bancos. Ejemplifiquemos el asunto.

Soy un narcotraficante, vendo al menudeo en Madrid, y recojo de la calle todos los meses un millón de euros en billetes de 20. Lo primero que hago es cambiarlos por billetes de 100 o 500 (seguramente aquí hay otro negocio), los meto en una maleta y me los llevo a un banco de Gibraltar, porque allí tengo una sociedad abierta llamada Investment Technology 2000. A partir de que el dinero entra en contacto con una entidad financiera, y lo ven con sus propios ojos, ese dinero deja de ser importante físicamente para serlo virtualmente y entrar en el circuito de internet y viajar libremente por el mundo en forma de ceros y unos. A continuación el dinero físico se vuelve a poner en circulación y volvemos a empezar. Resultado, un disco duro en las islas Caimán registra una transacción de un banco europeo que certifica que ese dinero existe, a cambio de una comisión. Y el ordenador de las islas Caimán, empieza a echar humo, y pronto hay que hacer una ampliación de memoria. Sin embargo en las islas Caimán no hay ni un billete, ni un cajero, y muy probablemente ni una sucursal. Incluso el propio banco europeo o americano, se puede inventar todo el tinglado.

Aparentemente es fácil sacar dinero a un paraíso fiscal, lo que es más difícil (no mucho, aunque cada día más) es volverlo a introducir en el circuito legal. Ahora vienen las preguntas para que penséis un poco:

¿Por qué es tan fácil sacar dinero?

¿Por qué el sistema financiero promueve sacar dinero a un paraíso fiscal?

¿Qué sucede con el dinero que no representa riqueza?

¿Tiene valor el dinero de los paraísos fiscales desde una perspectiva global?

¿Qué ocurriría si todo el dinero en paraísos regresara a casa?

¿Será realmente posible que sobre dinero?

¿Es posible que los paraísos fiscales, solo existan en los discos duros de algunos ordenadores de bancos de nuestro sistema financiero legal?

A través de la fe (en el dinero) se llega al Paraíso (fiscal) (II)

 By James Milton Tillman

Por lo visto tenemos un problema con el tema de imprimir billetes, pero es un hecho que alguien tiene que hacerlo, lo que sucede en nuestro sistema viene agravado por más factores que se añaden a esta ecuación perversa del dinero. En concreto tres: la representación, el interés y el valor.

Representación: Parece que tenemos claro que el dinero no vale nada si no representa riqueza, tanto en bienes como en servicios. Nace para materializar lo intangible (trabajo) y lo tangible (bienes). Como dije antes, si el sistema crea un euro para representar el valor de un pan, podemos considerar que ese pan tiene en su composición materia y trabajo. Cuando el pan es vendido a un cliente, este se lo come y la parte material del pan, que es un porcentaje alto de su valor, desaparece, sin embargo el euro que lo representa permanece completo. Aquí comenzamos a tener un inconveniente. El dinero ya no representa la realidad, comienza a circular más dinero que su valor real. Para corregir este gran problema el sistema debería de destruir dinero en proporción a los bienes que desaparecen. Aunque fuéramos capaces de destruir dinero habría que preguntarse ¿qué sucede con la parte del pan que representa el trabajo del hombre, lo intangible? Pues sigue circulando año tras año, de tal manera que el dinero que se creó para representar la fabricación de un pan en 1970, sigue circulando en 2013, el sentido común nos dice que algo falla.

El interés: ¿Pero quién fabrica hoy el dinero? Este es un galimatías muy complejo. La forma de fabricar dinero (que no sea el del monopoly) en el mundo está básicamente controlada por EE.UU. Qué duda cabe que en Chiquitistán, pueden tener una máquina para fabricar “su” dinero (monopoly), pero en un mundo globalizado económicamente ese dinero solo les sirve a ellos, cualquier transacción comercial que hagan con el extranjero deberán pagarla con dólares. La explicación de porqué esto sucede así es larga, y compete a ciencias políticas y sociales, puede que algún día me anime a contarla, pero para el caso que nos ocupa, vamos a darla por cierta. La energía es la que mueve el mundo y hasta ahora esta se obtiene de petróleo, si no hay petróleo se para la industria. El petróleo se compra y se vende en dólares en los mercados internacionales, hay intentos de hacerlo en rublos, en yenes, en riales iraníes, pero de momento el petrodólar es el que se impone. Así que Obama se levanta un día por la mañana coge el teléfono y le dice a su secretaria que le ponga con una institución privada que se llama Reserva Federal (FED). Al otro lado del teléfono se encuentra su director Ben Bernanke, y el presidente le dice que necesita 700.000 millones de dólares y Ben le pregunta ¿qué me das a cambio? y Obama le contesta: – unos papeles que dicen que te voy a pagar los setecientos mil más un interés, y Ben dice ¡fantástico! ¡Negocio redondo!, le dejo al presidente que en su ordenador ponga un siete seguido de once ceros y a cambio me devuelve el dinero más siete mil millones.

En sus adentros Ben sabe que los siete mil millones no existen, pero no importa cuando los necesite (el presidente), él se encargará de vendérselos (más otro interés).

Así durante años, de tal manera que si sumamos todo el dinero del mundo más los intereses que hay que pagar por ese dinero, no existe, por ese motivo hay que inyectar dinero constantemente al sistema, porque cuando se crea lo hace con interés (de nuevo el sentido común no entiende muy bien por qué es así, salvo en términos de codicia).

Y ahora ¿qué hace Obama con ese dinero? Muy fácil, lo presta a los bancos centrales, y al FMI a cambio de un interés (vete sumando al primer interés). La ley permite que si depositas un 10% del dinero que has recibido, ya sea en préstamos o en depósitos de la gente ahorradora, el otro 90% lo puedes prestar, es lo que se llama reserva fraccionada. Y como los bancos te prestan ese dinero para tus cosillas, en cuanto te prestan la pasta tu vas y la ingresas en el banco y automáticamente se convierte en una cantidad que pueden volver a prestar a cambio de deducir el 10% correspondiente a la reserva fraccionada, de tal manera que en la práctica los setecientos mil millones se multiplican por 9. ¿Pero no habíamos quedado que el dinero representaba la riqueza, los bienes y el trabajo? Pues parece ser que no. Esto me huele a Houston tenemos un problema.

El valor: De acuerdo, el dinero no es lo que tenía que ser. No importa, que sigan inyectando pasta hasta el infinito. ¿Qué más da? Todo parece que sigue igual. Eso sería muy bonito y el sistema sería perfecto, pero si el dinero que se inyecta constantemente no representa riqueza ¿De dónde adquiere su valor? Muy sencillo del que ya existe, me explico: supongamos una sociedad en la que circulen mil euros y que estos representan fehacientemente la riqueza que existe, de pronto aparece un falsificador muy bueno y coloca sin que nadie se dé cuenta un billete de cien euros a circular, ahora la cantidad de dinero que  circula es de mil cien euros, sin embargo la riqueza es la misma, que ha pasado con los mil primeros euros, pues que ya no valen mil, puesto que, ahora hay que dividir la riqueza que representan, que sigue siendo la misma, entre mil cien, lo que significa que de cada euro que circulaba antes hemos tenido que quitarle diez céntimos para darle valor al nuevo billete (falso) de cien que ha empezado a circular. Eso los economistas lo llaman inflación, yo lo llamo atraco legal.

Resumiendo: Nadie sabe el dinero que hay en el mundo. Este no representa la riqueza. La masa monetaria es incalculable y es muy posible que en poco tiempo todo el sistema se caiga. Síntomas hay.

El dinero es uno de los componentes fundamentales en el pensamiento del mundo justo. En la sociedad en la que vivimos, su abundancia simboliza el triunfo, su escasez el fracaso. Es un auténtico termómetro en lo que se refiere a cuantificar lo que se merece cada uno. El dinero ha sido capaz de camuflarse y constituir la medida de la justicia, en relación a la cantidad que cada uno posea. Pero da lo mismo, estamos como sumergidos en una secta, da igual que le digas a la gente lo que están haciendo con ella, no reacciona. Siempre hay una justificación para continuar como estamos. En el pensamiento sectario pasa lo mismo, hay un gurú que anuncia el fin del mundo en una fecha determinada, pasa el día y se inventa cualquier otra excusa que todos aceptan y se vuelve a empezar. Actuamos como si lo que se nos presenta delante de nuestras propias narices no existiera. Como si no fuéramos dueños de nuestra vida, como gente entregada y vencida en una batalla que pertenece a una guerra eterna, de la cual no se puede desertar, porque sabes que si lo haces te fusilan. Es una clase de inercia que nos impide reaccionar, tomar el mando. En fin, algo triste. (Continuará…)

A través de la fe (en el dinero) se llega al Paraíso (fiscal) (I)

By James Milton Tillman

Al parecer la cantidad de dinero que está depositada en paraísos fiscales equivale al producto interior de EEUU y Japón juntos, es decir, entre 21 y 32 billones de euros. Es esta una situación que todo el mundo conoce, desde los políticos y banqueros, hasta empresarios de tamaño medio o ricachones individuales, y lo conocen, por una sencilla razón, lo utilizan. Al menos eso avala un estudio realizado por alguien que trabajó en McKinsey & Company, una de las consultoras más importantes del sistema financiero, James S. Henry (¿Mefistófeles?)

Ahora bien, para llegar a ciertas conclusiones, tenemos que recordar algunos conceptos básicos de nuestra economía, entre los que se encuentran, la definición de dinero. ¿Qué es el dinero? Aparentemente es una cuestión sencilla, pero casi todos confundimos el para qué sirve con el qué es el dinero.

Para entender que es el dinero en la actualidad, hay que tener en cuenta que este sólo tiene valor cuando la riqueza ya existe. Su razón de ser es precisamente la de representar riqueza, que ya ha sido producida o se está produciendo, pero que todavía no se ha consumido, es decir, bienes y servicios que podemos intercambiar por otros.

Pero si la riqueza se crea y se consume, si no es permanente, ¿no debería de pasar lo mismo con el dinero? Si el dinero ya no representa algo que exista, una vez que la causa que lo originó ha desaparecido por su consumo, ¿no debería desaparecer la moneda que lo valorizaba? ¿A manos de quién va el dinero que ya ha representado una determinada riqueza? Si yo he creado un euro que simboliza una barra de pan, y me como el pan, el euro continúa en el sistema, representando algo que ya no existe. Al igual que el dinero no vale nada si no hay una riqueza que lo avale, cuando se extingue el aval, habrá que retirar el dinero que la representaba. Algo falla: veamos qué.

            Con la llegada del renacimiento también comenzaron los grandes Estados, las ciudades-estado fueron desapareciendo y se fueron formando las naciones que conocemos ahora. Enseguida necesitaron financiación y los bancos más parecidos a lo que hoy conocemos, habían surgido allá por el siglo XI para financiar las Cruzadas. Pero con independencia de las necesidades pecuniarias de los estados, los bancos se utilizaban para salvaguardar la riqueza, de tal manera que alguien que tenía mucho oro, lo depositaba o se lo cedía al banco para poder dormir tranquilo, y este, a cambio de unas garantías le protegía su riqueza, emitiendo unos papelitos con una maquinita, que certificaban que se tenía depositado en su banco cierta cantidad de oro o plata. Sin embargo los banqueros se dieron cuenta de que los depositantes, rara vez retiraban el oro y este permanecía en sus cajas durante períodos largos, así que decidieron utilizar la maquinita, y prestar dinero en forma de papeles a cambio de un interés. Y la codicia llevó a más de uno a usar la máquina de imprimir papel desmesuradamente, y unido a algunos préstamos impagados, comenzó a dar muchos quebraderos de cabeza. Por ejemplo en EE.UU a mediados del siglo XIX existían ocho mil tipos diferentes de billetes. Hasta que fueron los estados quienes se apoderaron de la máquina de imprimir, otorgándose la única potestad para utilizarla y según criterios de un buen padre de familia.

 Claro que esto no ocurrió y lo que hacían los banqueros en un principio, lo comenzaron a hacer los políticos y gobernantes, de tal manera que la máquina de imprimir volvió a echar humo, y sumado el valor de los papeles que circulaban por sus estados no representaban el valor real en oro y plata que tenían en sus cajas fuertes, así que nadie se creía lo que decía el papel. El desastre fue total, así que decidieron cambiar de patrón. El patrón oro desapareció y a alguien se le ocurrió el patrón trabajo, representado por el dinero fiduciario, que no es otra cosa que tener fe en el valor de lo que dicen que vale el billete. Es decir que en cuanto se pierde la fe, se pierde el valor. Así que llegamos a una fase en la que los estados para recuperar la fe se han visto obligados a soltar la maquinita y dejarla en manos de asociaciones independientes de los gobiernos, a saber, el Banco central europeo y La reserva federal americana. Además existe otro organismo llamado Fondo monetario internacional, que como su nombre indica es una especie de bote, en el que todas las naciones ponen dinero para poder solicitar ayuda en caso de necesitarla, lo que ocurre muy a menudo (el bote está vacío), y que ha llevado al propio FMI a pedir créditos a la Reserva federal americana y a todo aquel que se lo de, este organismo es controlado por EE.UU.

            Recapitulemos. Parece que el meollo de la cuestión está en quién tiene la maquinita. Pues bien, en un principio la tenía quien la inventó, el banquero. Luego se la quitaron por su uso indebido y se la quedaron cada uno de los estados o naciones, comenzó a echar humo y ahora los estados se han visto obligados a desprenderse de ella con mucho dolor de su corazón para recuperar la fe en lo que se imprime. Pero ¿quién garantiza que quienes ahora tienen la capacidad de imprimir no harán como sus dos predecesores y sobrecargarán la impresora? – total ahora ya no es necesario ni fabricar el papel, el dinero es virtual, no se gasta ni tinta, se encuentra en forma de números en las memorias de los ordenadores-. La respuesta es nadie. De hecho lo que sucede es lo siguiente: (continuará…..)