Ser invisible

De repente un día te levantas de la cama vas al baño, te miras al espejo y no te ves. Te has vuelto invisible, haces un esfuerzo y tu imagen comienza a emerger pero no te reconoces, te asustas y piensas que el reflejo que acaba de aparecer no eres tú. Estás acangrejado, envejecido, transformado, vuelves a mirar y se confirma. Aunque te conformes con la imagen, intentas rescatar de tu memoria tu verdadera identidad y logras superponerla en el espejo y con ella afrontar el día.

Sales a la calle y la gente no te ve, no te saluda, has dejado de ser interesante, has entrado en la estadística, mediana edad, poco pelo, flacidez, tripa, invisible. Los demás no te miran, ya no hay sex-appeal. Te preguntas ¿cuándo ocurrió? ¿en que momento sucedió todo esto? Buscas remedio urgente, tal vez dieta, recuperar el cabello, estirar la piel, ropa juvenil, incluso te apuntas a un gimnasio. Pero eres de naturaleza perezosa y fracasas en el intento, así que buscas filosofía, aprendes a envejecer con dignidad, a aceptar el paso del tiempo, a asumir lo inexorable. Meditas, entras en contacto con el universo y te fusionas en la unidad cósmica. Sales de tu clase de yoga y vuelves a casa. Entras al baño y ahí está. El puto espejo.

Woody Allen

Hace tiempo que intento separar la vida privada de los artistas de su obra, pero cada día es más difícil. Me gusta mucho como canta Isabel Pantoja, pero al escuchar las noticias que llegan de su comportamiento fuera del escenario uno se desanima en cierta manera, y ese halo de perfección, que sin querer se atribuye a quien uno admira, se viene abajo. Discernir entre lo que es verdad y lo que no lo es se encuentra en ese conjunto de tareas que casi son imposibles de llevar a buen fin. Cuando acusaron a Michael Jackson de abusar de niños, algo de su arte se perdió o al menos se enturbió. ¿Qué ocurrió en realidad? Solo los que lo vivieron sabrán con certeza qué pasó.

El maltrato y abuso de niños tiene que estar perseguido y penado con la mayor dureza en las leyes, nadie lo pone en duda, y ya puede ser alguien anónimo en un poblado marginal en cualquiera de los cinco continentes, o el mejor y el más famoso de los humanos del planeta, haya hecho lo que haya hecho, tanto como si ha descubierto una cura contra el cáncer o ha erradicado la pobreza del mundo, da igual, no tiene perdón. Cuando creímos que Michael Jackson era un pederasta que con dinero conseguía acallar a sus víctimas, pensamos que en América con pasta se podía hacer lo que quisieras. Más tarde y con el paso de los años, algunos niños (no todos) ya adultos de quienes Michael había abusado, confesaron que todo había sido un montaje para sacarle dinero al artista. Te lo puedes creer o no, pero siempre te quedará la duda. Manipular a un niño es muy fácil, y crearle recuerdos también.

Gandhi tenía la costumbre de dormir con niños, decía que lo hacía para probar su fortaleza de espíritu. Algunos de sus seguidores más cercanos dejaron de serlo al conocer ese “hábito” en su vida. A mi personalmente ese tipo de pruebas que hacía el mahatma no me parecen muy adecuadas, imaginemos por un momento que dichas pruebas no le hubieran salido bien. Los experimentos en casa y con Coca-Cola. Detrás de las obras de Wagner, estaba el propio Wagner que era un antisemita recalcitrante, pero pocas personas no se conmueven escuchando el Anillo del Nibelungo.

Woody Allen decía que al escuchar a Wagner le daban ganas de invadir Polonia, y ahora resulta que su hija le acusa de haber abusado de ella reiteradamente cuando tenía siete años. Sea verdad o no lo sea la niebla de la duda se inmiscuye en nuestra admiración.

Se convierte la sospecha en un arma poderosa. Todos recordamos el caso Wanninkhof, todavía hoy, después de haber encontrado al verdadero responsable de su muerte, hay gente que considera a Dolores Vazquez culpable.

¿Cómo podemos admirar a alguien que está embadurnado con la duda? No lo se. Tal vez tomando partido y negando la mayor, pero corres el riesgo de estar apoyando indirectamente a un criminal. Así que lo mires por donde lo mires, es una putada. Si lo de Woody Allen es verdad, tendría que estar en la cárcel, y la pobre víctima arropada. Si es mentira, quien indujo a la víctima a mentir tendría que estar en la cárcel, y la pobre víctima arropada. En todo caso a Woody Allen ya no se le mirará como hasta ahora. Todo ha cambiado.

Amar España

Esa sensación que algunos transmiten desde el extranjero, diciéndonos constantemente lo mal que está España, los parados sin futuro, comedores sociales rebosantes, crisis de instituciones, políticos corruptos. Una especie de yo me he ido de allí y tú deberías de hacer lo mismo, vives en una basura sin solución, es una actitud que no comprendo muy bien. Es duro tener que dejar tu país para  ir a buscarte las alubias a otro, sin duda. Pero si además añades resentimiento y odio tiene que ser mucho más duro todavía. Es cierto que en España los comedores sociales están llenos, pero también es cierto que atienden a todos. Es cierto que los políticos dejan mucho que desear, pero los elegimos nosotros y los vamos a cambiar de eso no tengo la menor duda. Es cierto que estamos en crisis, pero estoy convencido que entre todos vamos a salir de ella. España tiene un defecto que es a la vez su mejor virtud y es que está llena de españoles.  Y puede que el español sea pirata, pendenciero e inventor de la picaresca, pero también es fuerte, creativo, inteligente y luchador y como se viene demostrando somos uno de los pueblos más solidarios del planeta. Mi familia es una familia en parte de emigrantes, ¿Quién en España no conoce esa sensación? Después de la guerra mucha gente se tuvo que ir a trabajar afuera para dar de comer a sus hijos y buscar un futuro mejor, pero otros se quedaron y las pasaron putas, tanto o más que los que se fueron, pero nunca oí hablar mal de España a mi familia que estaba en Francia y mucho menos de los españoles. Muchos volvieron, otros se quedaron pero todos amaron y aman a España. Nosotros somos España los de fuera y los de dentro.

Séneca: Sobre la felicidad

Nuestra tertulia literaria de los viernes se ha basado esta vez en una obra de Séneca titulada, “Sobre la felicidad”. Es el tema de la felicidad, en estos tiempos, un tema candente.

Séneca fue además de filósofo, político y escritor, el tutor de uno de los emperadores más sátrapas que padeció el imperio Romano, me refiero al bueno de Nerón. Séneca fue condenado a la pena capital por tres emperadores, a saber; Calígula, Claudio y por último su propio discípulo Nerón, que fue el que consiguió su muerte.

Considerado como uno de los exponentes del pensamiento estoico, a pesar de sus ideas, fue un hombre inmensamente rico, condición que ha sido aprovechada por sus detractores para acusarle de hipocresía en tanto en cuanto en sus escritos promovía una existencia de austeridad y en su vida se rodeaba de comodidades y riqueza.

Que duda cabe que leyendo el libro, en forma de ensayo, las acusaciones quedan rebatidas en varias partes del mismo con expresiones como “No se ha condenado a la sabiduría a ser pobre” o “la riqueza no es un bien pero se ha de poseer” Aunque los primeros cristianos Tertuliano y Quintiliano se sintieron atraídos por el estoicismo, este fue silenciado durante siglos hasta que Calvino, Erasmo, Juan luis Vives o el mismísimo Montaigne lo rescataron, llegando a influenciar a filósofos como Descartes y Kant.

Todo el libro, rezuma un alegato en contra del placer, llegando a decir que “el placer debe de ir a la par de la virtud” “la virtud no se busca por el placer, sino que este se obtiene por añadidura”.

Si bien se afana en separar virtud de placer, también nos hace notar que el epicureísmo ha sido mal interpretado, que tiene mala fama, y que algunos se entregan a la sensualidad y al vicio no impulsados por Epicuro sino que esconden su corrupción en el seno de la filosofía acudiendo donde oyen hablar de placer.

Séneca no esboza ninguna fórmula de la felicidad, pero sí nos apunta unas líneas generales por las que transcurrir para que podamos ser felices.

Mantener el alma sana y en constante posesión de su salud.

Enérgica y ardiente, magnánima y paciente, adaptable a las circunstancias, cuidadosa sin angustia de su cuerpo y de lo que le pertenece, atenta a las demás cosas que le sirven para la vida, sin admirarse de ninguna.

Se inconmovible incluso contra el mal que procede del bien; de modo que, en cuanto es lícito, te hagas un dios.

¿Qué le puede faltar al que está exento de todo deseo?

Amén.

Cómplices

He de confesar, que hace muchos años que la televisión dejó de tener relevancia en mi vida, y con la llegada de internet, mis fuentes de información han variado en gran medida. Eso si, cuando estoy comiendo, en contra de lo que siempre he defendido, veo la tele, la ruleta de la fortuna y espero a que Arguiñano cuente su chiste, y hasta ahí es todo mi contacto con ella. Pero que no vea la televisión no significa que no esté al tanto de lo que sucede en ella, y acaba de saltar la información de que las productoras televisivas van a hacer caja (ya lo están haciendo) con el asesino de las niñas de Alcácer (entre otros). Cualquiera que tenga dos pequeñísimos dedos de frente piensa que la ética en dichas productoras, brilla por su ausencia, y que a la hora de hacer negocio no importa con quien ni a costa de quien. Pero si hay algo claro en este mundo que vivimos es que si alguien es capaz de vender algo no se debe a otra cosa que a la disposición de otro a comprarlo. Ya no planteo que las empresas que se anuncian en esos programas retiren su publicidad, o que haya leyes que impidan a un asesino publicitarse, simplemente hagamos un sencillo gesto que sólo requiere el suave movimiento del dedo gordo en nuestro mando a distancia, y cambiemos de canal. Viendo o escuchando las desventuras de ese impresentable nos hacemos, en cierta manera, cómplices de su crimen.

Ser minusválido en la ciudad inteligente; reciclaje empático

En referencia al acceso al Palacio de la Magdalena

Ser minusválido, añade dificultades a este periplo vital que llamamos existencia. El minusválido tiene que lidiar día a día con las barreras físicas que los diseñadores de nuestro entorno han decidido colocar a modo de carrera de obstáculos en un mundo excluyente y exclusivo en el que las minorías cuentan muy poco. Es fácil imaginar, a nada que te esfuerces, los inconvenientes que acechan la vida de alguien que tenga movilidad reducida, ceguera, sordera o cualquier otro impedimento físico o psíquico que dificulten el uso adecuado de los servicios públicos. De tal manera que un minusválido se lanza a diario a la calle con la incertidumbre que produce no saber con qué nuevo impedimento se encontrará, eso si, acompañado de la resignación adquirida tras años de padecimiento.

Ahora bien, supongamos que en nuestra ciudad inteligente, hemos sido capaces de derribar todas esas barreras y obstáculos que entorpecen, lo que debería ser un derecho natural de las personas a moverse y comunicarse libremente, y que vivimos en un mundo adaptado a las necesidades de todos (se que es mucho suponer, pero intentémoslo). En esta ciudad ideal que acabamos de construir con nuestra poderosa imaginación todo funciona de maravilla, (incluso nadie se extraña de que un ciego con su perro lazarillo esté en un restaurante), hasta que de pronto nos encontramos con el “homo garrulus” imbuido en la paupérrima autoridad que otorga un uniforme, y como por arte de magia construye la mayor de las barreras entre dos seres humanos, y carente de cualquier educación, conocimiento básico de las normas o sencilla empatía, impide que un minusválido acceda a un determinado lugar por el absoluto desconocimiento de las leyes. Apareciendo así la mayor de las barreras sustentada en la ignorancia de quien la construye.

En nuestra ciudad inteligente, esa barrera es muy difícil de derribar. ¿Tendremos que soportar a todos estos mini dictadores ignorantes hasta que se jubilen? O por el contrario ¿habrá que dar un curso de reciclaje empático a los funcionarios públicos para que adquieran conocimientos esenciales en la convivencia diaria y en especial acerca de la relación con la gente minusválida?

En fin, arrieros somos, y en el camino nos encontraremos.