Cambiemos el mundo

Últimamente da la sensación, al escuchar la radio, leer el periódico o encender la televisión, que nos hemos vuelto locos. Ladrones que no van a la cárcel, asesinos y violadores que salen de ella. Padres que matan a sus hijos, hijos que maltratan y matan a sus padres. Armas químicas, centrales nucleares que explotan, gente que mantiene secuestrada durante años a otras personas. Políticos y banqueros corruptos. Se parece mucho nuestra vida a esos documentales de la naturaleza donde el cámara está filmando como una criatura se muere de sed y no es capaz de darle de beber ya que sería intervenir en la naturaleza y nosotros somos meros espectadores que no deberíamos de estar ahí (pero estamos). Un panorama desolador que nos hace tambalearnos, aliñado con la falta de trabajo y un futuro nada prometedor que genera impotencia en nuestro día a día. Dan ganas de asomarse a la ventana y gritar hasta quedar afónico con la vana esperanza de que alguien te pueda escuchar y acuda en tu ayuda o simplemente que tus gritos te despierten de lo que parece una pesadilla en un mundo que creíamos civilizado. Pero la realidad es muy distinta, nadie va a venir volando con su capa y nos salvará, ni se nos presentará una fórmula mágica que convierta nuestra mayor o menor desdicha en felicidad. Pienso que no todos los problemas tienen solución y a veces nos afanamos en resolver situaciones que ya no tienen remedio. Pero si en algo ha destacado el ser humano en su larga existencia, ha sido en la capacidad que tiene para superar situaciones desesperadas. Ya no hay que buscar soluciones a estos problemas, no creo que existan, simplemente hay que hacer algo distinto, tomar otro rumbo, otra dirección. Las soluciones a los problemas se asemejan a los remiendos, siempre son temporales. Hay que olvidarse del problema cambiando de rumbo. Si nuestro sistema político no funciona, no hay que cambiar de políticos, (eso es remendar), habrá que cambiar de sistema. Si nuestro sistema financiero asiste imperturbable al desahucio de miles de personas de sus casas sin importarle nada más que la rentabilidad de su dinero, y no le interesa los sentimientos ni el sufrimiento, habrá que cambiar de sistema financiero. Si sueltan a un asesino que ha matado víctimas inocentes, incluso niños, o a un violador en serie, no hay que cambiar de jueces, hay que cambiar de leyes y hacer leyes para salvaguardar a la gente buena. Si queremos vivir en un mundo basado en el bien común es mejor cambiar muchas cosas antes que seguir arreglando lo que es evidente que no funciona. Parece que tenemos que orientar nuestra maltrecha ética y comenzar a enseñar a nuestros hijos que lo más importante no es el dinero, que eso es una trampa en la que acabarán cayendo a costa de su libertad, que lo más importante no es ser el número uno en todo, sino que tienen que colaborar y trabajar en grupo. Hay que dejar de decirles que estudien algo que les de dinero y se olviden de la pasión (una muerta de hambre). Hay que dejar de decirles que en este mundo cada uno tiene lo que se merece (abandonar la idea de un mundo justo). Hay que dejar de decirles que es bienaventurado el que sufre y que cuando muera todo irá mejor. Vivimos aquí y ahora. Si nosotros cambiamos, el mundo cambiará.

Vemos que si cedemos nuestro poder de decidir, siempre hay alguien que se aprovecha. Hemos perdido el control, todo va demasiado rápido, todo es demasiado grande y todo está demasiado lejos. Si queremos controlar nuestras vidas tenemos que controlar nuestro entorno inmediato, construir ciudades más pequeñas y participar en ellas, construir una economía local, lo único que hay que globalizar es el conocimiento. Construir un sistema con sentimientos, y no impersonal tipo “yo sólo hago mi trabajo” “yo no pongo las normas”. Demos valor a las personas. Yo tengo fe en ellas, en nosotros, en ti y en mí. Riqueza hay más que suficiente. Que sea para todos. Cambiemos el mundo, cambiando nosotros.

“Me libre Dios de los payos buenos, que de los gitanos malos ya me libro yo”

Todos hemos asistido al tratamiento mediático del llamado caso del “Ángel rubio”. Una adorable niña rubia con ojos azules, fotografiada con sus manitas llenas de lodo, lanzando un grito silencioso de ayuda a todo aquel que pudiera verla. Para más inri, se ha proyectado en todas las cadenas un video del angelito siendo forzada a bailar, para que los crueles padres raptores pudieran enriquecerse a costa de la compasión que despertaba tan enternecedora imagen. Los gitanos que la habían raptado, seguramente lo hubieran hecho en alguna urbanización de lujo, en Noruega, o Finlandia (cuna de los rubios), y mediante una poderosa organización de gitanos-traficantes, haber pasado al circuito internacional de trata y comercio de niños. Dejando a unos padres (como Dios manda, altos, rubios y con ojos azules, y limpios) totalmente destrozados en su dolor, certificando de una vez por todas que los gitanos son malos y que este mundo estaría mejor sin ellos ya que han pasado de robar gallinas a robar niñas.

Los padres adoptivos se cansaron de decir que era una niña que la había abandonado su madre, y que ellos la habían recogido para criarla y no dejar que muriese en el desamparo. Palabra de gitano.

¿Pero quién va a creer a un gitano mugriento? De entrada los padres raptores, al trullo. Todo gitano es culpable “a priori”.

Inevitablemente la hemos asociado al caso de Madeleine y hemos imaginado, como entraba un mangaranas gitano por la noche e introducía a la pequeña Mc Cann en un saco.

Pero hete aquí que ha llegado el Sr ADN, y ha corroborado la historia, con pelos y señales, de los ahora presuntos raptores (siguen siendo gitanos). (¡Cuánto mal esta haciendo el ADN!)

Los padres (biológicos) del angelito rubio, tienen diez hijos más, la mitad con las mismas características. Quienes hemos imaginado a los posibles padres antes de ver la fotografía de los auténticos, nos hemos llevado una gran desilusión. Yo imaginaba a la madre como a Brigitte Bardot en sus tiempos juveniles y al padre al boxeador ruso que se enfrentó a Rocky Balboa. Un auténtico chasco.

En fin, hagamos recuento de víctimas.

Primero: la niña, una pobre inocente, abandonada por su madre biológica muy posiblemente debido a la falta de recursos económicos, acogida por otra familia de gitanos que no tienen nada que envidiar a quienes se la dieron en adopción.

Segundo: La madre de la niña, con diez hijos más y sin recursos, embarazada desde que tiene uso de razón y en unas condiciones vitales que rayan lo inadmisible. (Yo soy incapaz de juzgarla).

Tercero: nosotros, los observadores, los lectores de los periódicos, los consumidores de medios de comunicación mediocres. Dispuestos a creernos todas las noticias que corroboren nuestros prejuicios. Afirmando nuestra creencia del mundo justo y prejuzgando constantemente lo que desconocemos, por miedo.

“Me libre Dios de los payos buenos, que de los gitanos malos ya me libro yo”

IMG_4383

No me gusta…

By James Milton Tillman

Las religiones y las sectas, las antiguas y las nuevas y las que están por venir.
Uri Geller y la capacidad de arreglar relojes y doblar cucharas.
La gente que dice que habla con los espíritus, que tiene un don y te pone en contacto con ellos.
Los telequinésicos que mueven objetos con la mente.
La sabiduría de los antiguos, la sabiduría milenaria y sobre todo la sabiduría oriental.
La numerología.
Los Mesías, profetas y salvadores de la patria.
El poder sanador de las pirámides. Chamanes y constelaciones familiares.
Brujas, brujos, espiritistas, curanderos.
Duros a peseta.
Los que dicen haber sido abducidos por extraterrestres.
La cura del cáncer a través de la respiración.
Los que adivinan los pensamientos.
La quiromancia. La astrología, el tarot, el horóscopo.
El poder sanador del canto de las ballenas, delfines, orcas etc..
La aromaterapia, fangoterapia, el análisis bioenergético, la homeopatía, los Chakras, la cromoterapia, la piedroterapia, la iridología.
La magnetoterapia, la reflexología, la moxibustión, la ayurveda, reconexión y sanación reconectiva.
El renacimiento y la reencarnación.
En general todas la medicinas alternativas.
Fantasmas, hadas, espíritus, exorcistas.
Todo lo relativo a los gurús.
Milagros y apariciones.
El enriquecimiento ilimitado.
Los que hablan con dios, los que mandan en nombre de dios, los que han visto a dios o a alguno de sus familiares.
La tortura y el maltrato de seres humanos. La explotación.
La explotación de la tierra, el maltrato animal en todas sus formas.
Cualquier forma de pobreza.
Cualquiera que contravenga alguno de los artículos de la declaración universal de los derechos humanos y la declaración universal de los derechos de los animales.
La guerra, la ignorancia, la barbarie. La imposición. Mc Donalds.
Otra vez a Uri Geller.

(Continuará…)

La Duna del Dique de Gamazo

By James Milton Tillman

Al pasar por el Dique de Gamazo, me sucede lo mismo que a Puyi, el último emperador de China, cuando después de un reciclaje ideológico volvía a la ciudad prohibida, la que había sido su hogar durante tantos años.

Ahora están construyendo una duna de cemento en el lugar que antes fue mi casa. Ahí mismo mi abuelo junto a mi primo pescó un bacalao enorme. Poco tiempo después “cazando lagartijas” me rompí por primera vez un pie. Numerosos clavos agujerearon mis zapatillas con más o menos suerte, pasando algunas veces entre los dedos o atravesándome la planta de lado a lado.

Ahí tomábamos el sol en un antiguo refugio de la guerra, o pescábamos esquilas en la rampa. Mi abuela tenía una huerta y comíamos prácticamente todo el año de lo que plantaba. En la entrada había una higuera enorme, la más grande que yo he visto, y daba unos higos asombrosos. En la puerta ejerciendo de guarda estaba “Fonso” un hombre increíblemente amable, que había estado en América y me enseñó mis primeras palabras en inglés. En la junta de obras del puerto había otro guarda que le llamábamos “el melonero” porque en su casa plantaba melones y todos los veranos nos regalaba algunos.

Un poco más adelante se ponían “Las ferias” y el circo Atlas con los hermanos Tonetti, en un lugar que llamábamos “la fenómeno” y que sólo los más viejos recuerdan ese nombre. Mi abuela me contó que se llamaba así porque en las casas de pescadores que allí había, vivía una chica que debía de tener alguna deformidad física.

Los prácticos me sacaban en el barco y me llevaban a unas boyas, para mi gigantes, que tenían puertas y se podía uno colar adentro.

Cuando mi abuelo vaciaba el dique, se quedaban toda clase de peces y pulpos y los repartía entre la gente. Una vez se quedó un ollocantaro tan grande que le tuvieron que cocer en la misma palancana de zinc en la que me bañaban. No teníamos bañera. Mi abuela me lavaba con un guante de tela áspera y me sacaba literalmente brillo detrás de las orejas con una pastilla de jabón lagarto. Nunca olvidaré a mi abuela, pero tampoco a su guante. Mi primo que venía todos los años a pasar el verano, puesto que mis tíos eran emigrantes, pescó una esquila azul y se la llevamos al museo oceanográfico, que estaba nada más cruzar la calle, al lado de la fábrica de gas.

Donde están construyendo la duna, teníamos un gallinero, con una docena de gallinas que nos surtían de huevos todo el año. Ahí mismo en las noches de verano echábamos la caña y entraban “panchos”, “julias”, “fanecas” y lubinas. Y ahí mismo nos sentábamos con sillas que sacábamos de casa y veíamos los fuegos artificiales de la bahía.

Mi primo Fernando fue el hermano que nunca tuve y junto a él pasé la infancia perfecta, la infancia de Tom Sawyer y Huckleberry Finn en el Mississippi. Con la particularidad de que nuestro río fue la bahía de Santander, la bahía más bonita del mundo.

Muchas veces me han preguntado de donde soy, y siempre he respondido con orgullo, de Puertochico, del dique de Gamazo. Un lugar que ya sólo existe en nuestra memoria.

¿Quiénes somos en realidad?

By James Milton Tillman

Cuando observamos las fotografías del pasado nos damos cuenta de que verdaderamente tenemos poco que ver con las personas que aparecen en ellas. Al parecer el cuerpo humano es capaz de renovar sus células varias veces a lo largo de su vida, excepto algunas neuronas. Así que cuando has llegado a la mitad de tu vida, casi el 90% de tu cuerpo ha cambiado. ¿Entonces cual es el hilo conductor que nos identifica como la misma persona? Podríamos pensar que la memoria es esa identidad que nos individualiza y nos hace sentir nuestra personalidad como invariable y continuista a lo largo del tiempo. Sin embargo nuestros propios recuerdos cuando los contrastamos con las personas que han participado de ellos nos damos cuenta de que no coinciden.

Sin duda es la memoria la que nos otorga identidad, lo que sucede es que al igual que el cuerpo es muy posible que esa memoria también esté renovada o lo que es peor prácticamente diluida en el olvido.

Si somos sinceros, recordamos muy pocas cosas de nuestro pasado en relación a la ingente cantidad de hechos que han sucedido en nuestra vida. Y esos recuerdos se convierten en frágiles apoyos para certificar que seguimos siendo quienes somos.

Cuando miro hacia atrás en mi memoria, reconozco varios individuos que podrían ser personas diferentes si fuésemos capaces de aislar el cuerpo y su manera de pensar en una determinada época.

¿Cuantos yoes somos capaces de poseer a lo largo de nuestra vida?

¿Es bueno hacer balance y darse cuenta de que tienes muchos yoes?

El tiempo transcurre y la pena se diluye, el olvido hace más soportable la vida. Los malos recuerdos se difuminan hasta mezclarse en la neblina del ayer, junto a ellos también se van los hermosos. Se intenta reconstruir los hechos y se combinan formando invenciones acomodadas. Esa quiere ser nuestra existencia, la memoria retocada de un pasado a medida.

Todos somos iguales. Ante la ley. Discriminación positiva.

By James Milton Tillman

(Leyenda Rusa)

Pete vivía en un barrio humilde del condado de Shelby en Memphis cuando se presentó a unas oposiciones de reclutamiento para la central de inteligencia americana, en el año 1964. En las primeras pruebas destacó por sus habilidades físicas, y todos los test que le hicieron midiendo su cociente intelectual superaron con creces la media. Rápidamente fue integrado en la segunda fase de reclutamiento y tuvo que trasladarse a Langley en Virginia, donde se sometió a una formación de carácter militar, que consistía en duros entrenamientos físicos y psicológicos, así como toda clase de exámenes de capacitación, habilidad, destreza, manejo de armas y explosivos. Pete se sentía como pez en el agua, realmente había nacido para ese oficio. Su destreza para aprender idiomas le situó en los niveles más altos de la organización.

Cuando solicitaron voluntarios para una misión en Rusia, Pete no lo dudó y fue el primero en rellenar la petición.

Junto a él había ocho candidatos, todos “número uno” en sus respectivas promociones.

Como la misión era en Rusia, les enseñaron a hablar en ruso, a pensar en ruso, a soñar en ruso. En esta primera fase, solo quedaron cuatro, incluido Pete.

La segunda fase consistió en convertirlos en auténticos rusos. Así que comían como rusos, bebían como rusos, se divertían como rusos. Les cambiaron el nombre y les bautizaron en ruso.

Al final solo quedaban dos candidatos, entre los que se encontraba Pete. Los dos estaban preparados para la misión pero sólo uno podía acceder. Así que la última prueba a sobre cerrado y sin nombres, decidió que sería Pete el elegido.

Cuando le lanzaron en paracaídas sobre Rusia, el tiempo no era muy apacible, y el piloto no se sabe si por un error de instrumentos o un error humano se había desviado del objetivo varios kilómetros.

El caso es que, cuando Pete tomo tierra, enseguida ocultó su paracaídas y con la destreza que le caracterizaba rápidamente se situó y localizó una cabaña solitaria y humeante en medio de la estepa siberiana. Acercándose hasta la puerta llamó, y una viejecita casi ciega, y medio sorda, le abrió la puerta. Entonces, Pete en su perfecto ruso dijo:

– Спокойной ночи, миссис, (buenas noches señora).

La abuela levantando de lado su cabeza, observó por dos segundos a Pete, que ahora se llamaba Ivanov, y le dijo:

– ¿Usted es americano? ¿No?

Pete sorprendido de que tras pronunciar tres palabras una vieja nonagenaria le hubiera descubierto, no le quedó más remedio que preguntar ¿Cómo lo ha sabido?

– Mire joven, hay pocos negros por la zona.

La Ley de Derechos Civiles de 1964, Ley del Congreso 88-352, 78 de Estados Unidos, promulgada 02 de julio 1964 fue una legislación que prohibió la aplicación desigual de los requisitos de registro de votantes y la segregación racial en las escuelas, en el lugar de trabajo e instalaciones que sirvan al público en general.